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viernes, 28 de marzo de 2025

Sonetos del portugués, de Elizabeth Barrett Browning



Tengo dos ediciones de los Sonetos del portugués (1850), de Elizabeth Barrett Browning (1806-1861), editados en dos años consecutivos: 1942 y 1943. Alrededor de las dos ediciones se encontraban grupos de mujeres escritoas. La primera, es de una editorial de escritoras, Rueca, fundada por Carmen Toscano, María Ramona Rey y María del Carmen Millán, entre otras universitarias. La traductora fue la española exiliada en México, Ernestina de Champourcín (1905-1999), miembro de la Generación del 27, quien seleccionó 21 de los 43 sonetos y los tradujo en prosa. La segunda fue realizada en Barcelona y fue traducida por Ester de Andreis (1901-1989), escritora cuya casa en Barcelona era frecuentada por escritores como Guillermo Diaz-Plaja, Dámaso Alonso, Giuseppe Ungaretti y Vicente Aleixandre. Este tomo, que contiene los 43 sonetos, en verso, tiene la peculiaridad de que perteneció a Pita Amor, pues la dedicatoria dice: “A Gudalupe Amor, verdadera poesía, esta otra poetisa que también fue tan verdad, Ester de Andreis, VI-50.” No diré más, salvo que Elizabeth Barrett sigue siendo tan desconocida hoy como hace 80 años que se tradujo al español, así como la mayor parte de las escritoras que formaron parte del mundo de estas dos ediciones. Ahora sólo glosaré las palabras que Ester de Andreis le dedica a la poetisa (es la palabra que usan ellas). Aunque tuvo una infancia feliz en su natal Coxhoe, al norte de Inglaterra, contrajo al igual que dos de sus hermanas, una misteriosa enfermedad que sólo persistió en ella: un fuerte dolor de cabeza y pérdida de movilidad en la columna. Antes de esta enfermedad, que fue tratada con opiáceos, ya era una escritora precoz y llena de imaginación, con un talento que fue apoyado por sus padres. Al morir su madre, en 1828, su padre se dedicó a cuidar a sus doce hijos (Elizabeth fue la hermana mayor) con un cariño tan vehemente que era realmente una locura: la sola idea de que alguna de sus hijas pudiera tener una relación amorosa lo enloquecía. La muerte de su hermano consentido y la soledad que la envolvió, además de la enfermedad, sólo se aliviaba gracias a la compañía de su perro Flush. El cruel encierro al que la confinó su padre fue combatido por ella con la poesía y con la correspondencia secreta que comenzó a tener con el poeta Robert Browning (1812-1889), que la buscó, admirado por su obra. Ante la negativa de su padre por reconocer este romance, Elizabeth se fugó con Robert a Italia, donde se casaron. Elizabeth quiso, con el tiempo, recobrar la relación con su padre, pero éste le devolvió cerradas todas las cartas que ella le envió. Los aaños italianos fueron una sucesión de días felices, que terminaron con la muerte de ella. En secreto escribió estos sonetos describiendo su amor por Robert y alegrándose de haber dejado atrás los largos años en que aún no lo conocía. Él tenía admiración especial por un poema de Elizabeth, “Catalina a Camoens”, y la llamaba: “Mi pequeña portuguesa”. Se supone que ése es el origen del título de estos sonetos en que “el portugués” sería Browning. Cuando se casaron, Wordsworth dijo: “Espero que se entenderán; nadie más los entendería”. Quizá los comprendió Virginia Woolf, que penetró en ese mundo para retratar a un personaje entrañable, el cocker spaniel de Elizabeth, Flush, a quien le dedicó una biografía, homenaje por la compañía que le dio durante su corta vida.


Soneto VI

 

Vete de mí. Y sin embargo siento que en adelante viviré en tu sombra. Pues ya nunca, sola en el umbral de mi propia vida, dispondré libremente de mi alma,

ni alzaré mi mano a la luz del sol, serenamente, como antes, sin el recuerdo de lo que no conocía… tu roce en mis palmas.

La distancia mayor que entre nosotros alza el destino, deja tu corazón en mi corazón latiendo con doble pulso. Cuanto yo hago y cuanto sueño te incluye a ti, igual que el vino ha de saber

a sus propias viñas. Y cuando imploro a Dios por mí, oye también tu nombre y ve en mis ojos las lágrimas de dos.

(versión de Ernestina de Champurcín)


Elizabeth Barrett Browning. Sonetos del portugués Sonnets from the Portuguese (1850)

1)    tr. y nota, Ernestina de Champourcin. México, Rueca, 1942.

2)    tr. Ester de Andreis. Barcelona, Librería Mediterránea, 1943.

 

domingo, 23 de marzo de 2025

Yo, cruel vengador; tú, Mesalina…



Este libro no contiene lo que pareciera sugerir el título. Es decir, no se trata de una historia de las mujeres en el mundo antiguo. Sino que la autora, Daisy Dunn, clasicista inglesa, vuelve a relatarnos la historia que ya conocemos (al menos de manera superficial), pero teniendo en cuenta la participación de las mujeres. Me parece mucho mejor que una historia relatada a través de ellas (como dice el título). Porque ahora podríamos pensar en los homosexuales, las lesbianianas, los pueblos sometidos por los romanos, los niños, etc. Todo esto para llegar a una historia de la humanidad un poco más justa. Sólo que en realidad, no será nunca justa, siempre tendrá un grado de injusticia, lamentablemente. Por ejemplo, en México, estábamos tan a gusto con las versiones grecolatinas de Alfonso Reyes y demás expertos, hasta que Francisco de la Maza escribió su libro sobre La erótica homosexual en Grecia y Roma, que alumbró tantos sitios que los padres Méndez Plancarte y muchos otros ignoraron sin remordimientos. A mí, este libro me sirve para explicarme la letra de un foxtrot de 1936, con letra del publicista español Bernardo San Cristóbal, y música del compositor michoacano Miguel Prado, “Redención”, que dice: “Yo fui cruel vengador; tú, Mesalina, / y los dos somos reos del dolor”, y que grabaron entonces las Hermanas Barraza, en San Antonio, Texas. Más o menos, el sentido de la canción es que la mujer engañó por amor, y el hombre lo hizo para vengarse, pero terminan perdonándose el uno al otro. Ya que apareció su nombre, me gustaría mencionar aquí su leyenda, tal como la cuenta Daisy Dunn. Valeria Mesalina (25 d.C.-48 d.C.) fue la tercera esposa de Claudio, personaje que se sobrepuso a la cojera y la tartamudez de su infancia, y que a los 50 años se convirtió sorpresivamente en emperador, tras el asesinato de Calígula. Quizás hasta Mesalina ninguna mujer en Roma había tenido un puesto tan destacado, pues desfiló en un carro detrás de su esposo en el año 44, cuando Claudio conquistó las actuales Inglaterra y Gales. A diferencia de Claudio, que recibió siempre faltas de respeto de gente que le aventaba huesos de frutas o pedazos de pan, Mesalina no toleró nada: apenas leyó la sátira de Séneca contra su esposo, La calabacificación del divino Claudio, lo acusó de adulterio con la sobrina de Claudio, Julia Livila (parece que fue la razón por la que el Emperador, su tío, la mandó ejecutar). Sobre este libro de Séneca, dice la historiadora Mary Beard que quizá sea el único texto latino que realmente nos podría sacar carcajadas hoy en día. Se podrá intuir que no fue el único escritor que tuvo problemas con la emperatriz, pues también escribieron contra ella los satíricos Tácito y Juvenal, aunque según Dunn, no se les debería de creer al pie de la letra. Tácito acusa a Mesalina de haber envidiado unos hermosos jardines en el monte Pincio, de Roma, propiedad del cónsul Décimo Valerio Asiático. Así que para deshacerse de él, lo acusó de estar implicado en el asesinato de Calígula por lo que sería un peligro para Claudio. Éste respondió con pánico, así que mandó arrestarlo y a que lo presentaran ante él para leerle personalmente los cargos en su contra (corrupción del ejército, adulterio y ser pasivo en el sexo con hombres). Puesto que el acusado logró conmover a Claudio y a Mesalina con su defensa, le fue concedido el derecho de elegir cómo morir. Asiático eligió suicidarse. Pero dice la doctora Dunn que no se debe de creer mucho en estas historias, sospechosamente escandalosas. Plinio el Viejo asegura que Mesalina ganó una competencia contra una prostituta pues tuvo 25 coitos seguidos en un solo día, y Juvenal la llamó “puta augusta”, pues la hace salir por la noche, con los pezones pintados de dorado, buscando sexo que nunca la deja satisfecha. Y Dion Casio asegura que hizo prostituirse a otras mujeres, forzándolas a tener relaciones con otros hombres mientras sus maridos las miraban. Mesalina se fue convirtiendo en una leyenda, asesina de hombres que la rechazaban, noctámbula insaciable que dejaba al apocado Claudio solo en su cama. Pero se supone que hay una historia que, según la autora del libro, Tácito da por cierta: que Mesalina, en medio de las ausencias de Claudio, se enamoró del hombre más bello de Roma, el cónsul designado Cayo Silio. Aunque era casado, comenzó a tener una aventura con la Emperatriz, una aventura que se volvió tan pública que nadie en Roma la ignoraba. El extremo llegó a la idea de Mesalina de ceder al ruego de Cayo Silio de casarse. Lo hicieron mientras Claudio estaba fuera de la ciudad, pero un esclavo liberto que trabajaba para Claudio, se lo hizo saber. Se supone que los amantes se encontraban juntos, en la fiesta de la vendimia, cuando llegaron los centuriones que había enviado Claudio, y detuvo a Mesalina, pues Silio logró huir. Parece que Claudio todavía dudó ante el amor que tenía por su esposa, pero al revisar la casa de Cayo Silio, se descubrieron muebles que provenían del palacio, así que él sólo pidió una muerte rápida. Pero Mesalina tuvo la oportunidad de defenderse ante su esposo. Bueno, eso estaba a punto de pasar porque Mesalina se encontraba en sus jardines, echada junto a su madre, quien la trataba de convencer de suicidarse, cuando uno de los guardias llegó y enterró en Mesalina la daga que ella tenía entre sus manos. Todavía entonces, Claudio dudó, el amor era tanto que no le permitía convencerse de la muerte de Mesalina. Ella tenía 23 años cuando murió, aunque ya había efigies suyas por todas partes de la ciudad. El Senado ordenó eliminar su recuerdo y mandó que se destruyeran todas sus estatuas. Sin embargo, dice Daisy Dunn que a pesar de todo, se salvaron tres imágenes suyas, por las que podemos saber cómo era Mesalina. Volviendo al bolero que traía en la mente, puedo decir que es extraño que su efigie haya emergido en la radio de los años 40. No sé qué tanto sabían los autores de la antigua emperatriz, pero le dan su propia interpretación. Se entiende que los dos se hicieron daño y que los dos sufren por el engaño. En esta canción, simbólicamente Mesalina no es asesinada, sino perdonada en su arrepentimiento. El mundo antiguo permitió mujeres sumamente poderosas, mujeres que podían cooperar con dinero en favores que les pedía el poder, por lo que lograban cierto respeto. Algunos Emperadores, con mayor odio a esa influencia social de las mujeres, emitieron leyes para limitarlas. Especialmente, la ley que las obligaba a no poder heredar más allá de cierta cantidad, lo que limitaba su poder de manera importante. Para defendese de estas leyes, las mujeres de Roma hicieron una manifestación pública para combatir un edicto que obligaba a las mujeres más ricas a dar una parte de su fortuna al estado. Lograron que sólo las 400 mujeres más ricas dieran una aportación. Pero esas mujeres respondían a una ferocidad constante, por lo que los parámetros de la moral y de las costumbres son bastante más laxas que las que usamos para medir hoy. Como el caso de Amestris, la esposa del temido Jerjes I, quien al enterarse de una infidelidad de su esposo, mandó cortar, a la madre de la amante, los senos, la nariz, los labios y la lengua. Como puede verse, este espacio histórico dista mucho de la idealización romántica…

 

Daisy Dunn. La venganza de Pandora. Una historia del mundo antiguo a través de las mujeres / The Missing Thread, tr. Miguel A. Pérez. México, Crítica, 2024.

lunes, 17 de marzo de 2025

El padre de la democracia, de Felipe Ávila



La breve presidencia de Francisco I. Madero, que duró del 6 de noviembre de 1911 al 19 de febrero de 1913. Apenas un año y tres meses, pero que se tiene que volver a contar. En esta narración se evita caer en la interpretación común en que el “ingenuo” Madero no supo evitar su trágico final. Pero las circunstancias que relata Felipe Ávila se encuentran encadenadas. El entramado político que fue llevando a Madero por su camino y que retrata la complejidad de muchos pasajes. Por ejemplo, esa relación con Emiliano Zapata, pues ambos personajes se miraban con simpatía (Madero, se cuenta incluso, fue padrino de bodas de Zapata), pero los proyectos políticos los tenían que separar. Es cierto, desde el presente podemos recriminar a los personajes todo lo que queramos, pero es que hace mucho que cada uno de ellos mostró su juego. El general Bernardo Reyes, hace mucho que supimos que no estaba dispuesto a jugar un papel secundario. Madero, legítimamente, le ofreció la Secretaría de Guerra en caso de ganar la presidencia. Sabemos que la realidad política de Madero consistía en negociar con un ejército muchas veces adverso y con figuras como Reyes que buscaban el poder. Alfonso Reyes tenía una visión, naturalmente, muy diferente de su padre de la que ocupó en los hechos de la Decena Trágica. Relatados por él, esos días de febrero de 1913 se tornan míticos. Son mucho más sórdidos, vistos desde el punto de vista de los hermanos Madero y del vicepresidente, José María Pino Suárez. La Embajada de los Estados Unidos, en su apoyo a Victoriano Huerta y Félix Díaz, dibujaron una circunstancia que vuelve a ser repulsiva en este recuento. El detalle con que se cuenta la usurpación de Huerta y el asesinato de Madero es verdaderamente notable. La relación de confrontación entre las distintas facciones de la Revolución, lo que pasaba entre el gobierno de Madero y los zapatistas y los villistas, fue algo que siempre estuvo dentro de cierto rango. Nada que ver con el juego que trabama Huerta. Pero Madero no tenía otra opción… Además, Huerta se presentaba con los mejores triunfos militares, pues en julio 1912 se erigió como vencedor de la rebelión de Pascual Orozco, en el norte del país. Tampoco sabía Madero que Orozco se uniría más adelante a Huerta, para combatir a Zapata. En realidad, las subtramas de los protagonistas de la Revolución son complejas… Los personajes son héroes o traidores, según la página en que se abra el libro. Y el país que se mira a través de la narración de esta biografía es inestable. Finalmente, Madero no logra controlar las fuerzas que desata la Revolución. Eso, desde el punto de vista político. Pero como analista de la realidad política, Madero ha recibido poca atención: su análisis del país en el libro La sucesión presidencial es realmente fuera de serie. Se leyó por todos lados, y su campaña por México despertó una esperanza en los numerosos asistentes a sus mítines. Mientras leía entusiasmado esta biografía, pensaba dos cosas: que en poco tiempo, con la pasión de Madero, se despertaba un fervor político en México, que dio como resultado un breve periodo democrático; y que la selva de intereses adversos (la prensa vendida de México, el gobierno de EU, los diferentes niveles de oportunismo, etc.) logró sepultar un proceso que merecía una continuidad. El arduo trabajo biográfico de Felipe Ávila logra dar claridad a todo un periodo, en el que destaca el extraordinario trabajo narrativo de la Decena Trágica. Leí esta biografía con deleite porque me alumbró una época intrincada en la que fecuentemente me extravío.

 

Felipe Ávila. El padre de la democracia. Biografía de Francisco I. Madero. México, Debate, 2024.

domingo, 16 de marzo de 2025

La vegetariana, de Han Kang



La vegetariana es el libro de moda, pues es el más comentado de su autora, Han Kang, la ganadora del Nobel de Literatura 2024. Sin embargo, su título me parece inexacto, ya que la protagonista inicialmente deja de comer carne luego de tener algunos sueños imprecisos para el lector, pero en realidad deja paulatinamente de comer cualquier cosa. Incluso la abandona la voluntad de comer. Más parecería habitarla el deseo de convertirse en un vegetal. No niego que muchas veces comparto con la protagonista ese fantasía de descender hasta la vida de las plantas, sin conciencia, tal vez sin pensamiento, para sólo sentir como una brisa el transcurrir de la vida. Cualquiera que sea el deseo de la vegetariana, el libro no lo comunica. En realidad, la narración nunca explica cuál es el deseo de su personaje, ni existe una comunicación entre ella y su medio. Los personajes se diluyen a lo largo de la trama, algunos hasta desaparecer. La novela está escrita con tales huecos narrativos el lector puede proponer su interpretación, cualquiera que ésta sea, sin que la trama se vea afectada. Puede ser que la vegetariana se rebele ante la sociedad, puede ser… pero la novela no lo dice. Puede ser que sus sueños sean un vislumbre de la destrucción ecológica, o un símbolo del sufrimiento animal. Todo puede ser. Cuando Yeonghye (que así se llama la protagonista) es ingresada a un psiquiátrico, pensaríamos que algo tiene que decir una disciplina científica en torno al sujeto de esta narración. Pero la psiquiatría parece una ciencia contemplativa, que sólo se limita a mirar sin diagnosticar. En los pasajes que leemos no hay diálogos entre Yeonghye y su hermana, o entre ella y sus padres (pero ellos ya han desaparecido desde el primero de los tres capítulos del libro). Ese momento de violencia en que el padre quiere hacer comer por la fuerza a su hija también ha quedado atrás, no tiene antecedentes ni consecuencias. Su madre, cuando ella está internada en el hospital, la engaña para que coma caldo de carne, pero lo vomita una vez que se da cuenta de lo que comió. Cuando su padecimiento progresa, Yeonghye sueña que los árboles en realidad hunden las manos en tierra, así que ella misma se pone boca abajo dejando las piernas hacia arriba, para que una flor le creciera en el pubis. Desafortunadamente, no pasa lo mismo con el libro, no florece, las imágenes no dan fruto. Tan incomprensible como el personaje es la sociedad que lo rodea: un vegetariano parece algo tan extravagante que puede arruinar una reunión cuando los asistentes se enteran de que hay uno entre ellos. Hay algo constante en los personajes de esta novela: parece que todos, en algún momento, se sorprenden cuando se dan cuenta del tipo de persona que tienen enfrente. Hay una incomunicación constante, un incapacidad de darse cuenta del otro. Siempre se sorprenden de la existencia del otro, pero no tienen herramientas para comunicarse con él.

 

Han Kang. La vegetariana 채식주의자 (2007), tr. Sunme Yoon. México, Random House, 2024. 

viernes, 7 de marzo de 2025

Cine y cultura de masas, de Richard Schickel



Richard Schickel (1933-2017) fue un destacado historiador de cine estadounidense, y por muchos años, el crítico de la revista Time. Tenía apenas 31 años cuando emprendió su personal historia del cine. Tiene mucho mérito, pues parecía que había visto todo y conocido a detalle las historias de los iniciadores de esta industria. Si pensamos que hace 130 años, los hermanos Lumière mostraron su invento en una sala en París, nos faltaría leer otro libro con las décadas más recientes. Apenas estaba por cumplir 70 años y el cine ya era la forma moderna de la ensoñación. Sin embargo, la industria, al principio, se resisitía a explotar esa capacidad suya de crear esas extraordinarias vidas que son las estrellas de cine. Por el contrario, ni siquiera querían dar a conocer los nombres de las personas que protagonizaban las cintas. Si acaso, a esa joven rubia que despertaba tanto interés, era llamada “La chica de la Biograph Studios”. Eso, hasta que el productor Carl Laemmle decidió revelar el nombre de una de estas chicas, Florence Lawrence. Pero lo hizo con una artimaña: primero dio a conocer la falsa noticia de que Florence había muerto, luego aclaró que se podría tratar de una noticia algo apresurada… y finalmente organizó una recepción para ella en Saint Louis, Misuri, en marzo de 1910. Con este evento se puede dar como inaugurado el nacimiento del Star System. Por un lado, todos los miembros de esta naciente industria estaban entusiasmados en el gran interés de la sociedad estadounidense, pero por otra parte se resistían a la idea que los actores fueran más que unos trabajadores. Todavía no se pensaba en el cine como una industria de grandes inversiones, pues una sala de proyección se podía abrir en cualquier bodega… Se supone que el pionero de las salas de cine fue Thomas Lincoln Tally, quien inauguró la primera sala de cine en abril de 1902, The Electric Theater, en Los Angeles, California. Tres años más tarde surgió la palabra nickelodeon para llamar a las salas de proyección, es decir: cinco centavos (“nickel”) por entrar al teatro (“odeon”). El primer éxito: El gran asalto al tren, proyectado todos los dias de 8 a 12 de la noche. ¿La posición del Estado ante el cine? Desde 1915, la Suprema Corte dictaminó que el cine no era más que un entretenimiento y un negocio, por lo que durante décadas quedó sin amparo ante la censura. Otro de los aspectos de esas primeras producciones era su incapacidad por tratar la vida del hombre común, todo era un acercamiento a lo más extraordinario, a las historias de hadas, a los asaltos bancarios y una evocación constante del lejano oeste. Todo eso, sumado a un curioso estado de ánimo, la melancolía. Así eran esas primeras actrices, como Mary Pickford. Cuando la miramos, triste en sus películas, no nos imaginamos que era en realidad una ambiciosa mujer de negocios. Quizá ha sido la única mujer –dice Schickel– en convertirse en el soporte de toda una industria. Por un momento de la Historia, el cine fue la industria construida en torno a Mary Pickford. La mirada de este crítico a toda esa industria es admirable, y artistas como Eastwood y Scorsese le confiaron muchos de sus secretos. Por desgracia, este libro se editó hace más de 50 años en Buenos Aires… y el resto de su amplia bibliografía ha tenido la misma suerte en nuestro idioma.

 

Richard Schickel. Cine y cultura de masas / Movies: The history of an Art and an Institution (1964), tr. Jorge Piatigorsky. Buenos Aires, Paidós, 1970. (Mundo Moderno, 36)

domingo, 2 de marzo de 2025

Walter Benjamin, en visión estereoscópica


 

Regresé a buscar algo acerca del suicidio de Walter Benjamin (1892-1940), en el pueblo español de Portbou, tratando de llegar a Portugal y escapar rumbo a los Estados Unidos. Formaba parte de un grupo de judíos que huía de la guerra. Ya estaba del otro lado de la frontera, pero el gobierno de Franco dio órdenes de que fueran devueltos a Francia. Inútilmente, podríamos pedirle a la Imaginación que nos diera para él diez años más, para saber qué habría pasado, con cuáles de sus compañeros de huída se habría unido su destino… ¿Con su hermano Georg Benjamin? Él murió asesinado en el campo de concentración de Mauthausen-Gusen, en 1942. La más probable de las posibilidades era ser llevado a ese campo de concentración en compañía de su hermano. ¿O con el destino de su amigo Artur Koestler? Venían juntos desde Marsella, y Koestler le preguntó a Benjamin si tenía algo para morir. El filósofo sacó de su bolsa sesenta y dos pastillas para dormir. Koestler quiso suicidarse, pero sobrevivió. Vivió bastantes años más, pero su tema recurrente era el suicidio, así que no fue una sorpresa para nadie cuando se suicidó junto con su esposa, en Londres, una tarde 1983. Y su amiga, la filósofa Hannah Arendt…, ella viajó a Portbou un año después de la muerte del filósofo para buscar su tumba. Llevaba en su maleta el último manuscrito escrito por Benjamin, “Sobre el concepto de Historia”. Más adelante, Hannah buscó la ciudadanía estadounidense, hasta que la consiguió 18 años después; sus últimos años los dedicó a la militancia política y filosófica. Varias mujeres iban en el grupo que intentaba huir a Lisboa, pensando en llegar a América; entre ellas destacan Carina Birman (abogada, había logrado que el consulado mexicano en París emitiera visas para ayudar a varios fugitivos a escapar a un supuesto Festival de Arte en México) y Henny Gurland (fotógrafa, contrajo matrimonio con Erich Fromm en Nueva York, y en busca de un mejor clima el matrimonio decidió trasladarse a México, donde ella murió en 1952). Unos pocos años más de vida hubieran llevado a Benjamin a Estados Unidos, a Inglaterra o a México… Bueno, tal vez sueño un poco en eso. Solamente diez años le habrían permitido conocer la literatura de los años 40, la que emergió de la Segunda Guerra Mundial, aunque según Adorno era un acto de barbarie seguir escribiendo después de Auschwitz. Sin embargo, no hay otro tema a la redonda. Una nueva forma del ser humano, desconocida hasta entonces, culpable, cruel, con dificultades para edificar cualquier proyecto en adelante. Década en que surgió la novela existencialista, las más conocidas narraciones distópicas, la consumación de las fragmentaciones narrativas, la novelística que se valía del periodismo como fuente primaria, el encierro pueblerino como manifestación del infierno, la fundamentación teórica de lo real maravilloso en la literatura hispanoamericana, el aturdimiento primigenio del horror. Son algunos temas que me saltan si reviso rápidamente los listados de novelas de los años 40. Ustedes los podran consultar, yo sólo me imagino a Benjamin tomando entre sus manos las Crónicas marcianas, de Ray Bradbury o algún libro de Cesare Pavese y decir qué triste, un joven suicida. Me lo imagino porque leo la recopilación de sus textos narrativos (Historias desde la soledad y otras narraciones), prologado por Jorge Monteleone y traducido por Ariel Magnus, y me entero de algunas opiniones de Benjamin en torno a la literatura, opiniones que efectivamente Auschwitz retoca bastante. No es lo mismo escribir después de esa tragedia, ni es lo mismo escribir en medio de la zozobra hoy. El filósofo pensaba que la novela había privilegiado el punto de vista de lo privado y por lo tanto ya no se podía preguntarse sobrelas dimensiones más importantes de la existencia. Había dicho también (en 1929) que la lectura de los periódicos era enemiga mortal del arte de contar historias. Vendrían, sin embargo, las novelas existencialistas que plantean preguntas a cada ser humano particular, vendría la novela basada en el trabajo periodístico. No podría decir qué maneras de la literatura hemos perdido desde entonces, pero acontece. A la distancia, miramos cambios que son imposibles de ver en la cercanía. El pasado y el presente tienen una relación dialéctica: como un relámpago, se encuentra el pasado con el ahora. ¿Será entonces que sólo es posible mirar el pasado a través de estos repentinos deslumbramientos que duran un instante? Mirar otros tiempos con la tecnología de su tiempo. Es uno de los secretos. Mirar al siglo XIX, pero con la tecnología del daguerrotipo. Asomarnos a la Belle Époque, pero escuchando el sonido del gramófono. Ver a través el celuloide. Etc. La curiosidad de Benjamin por la tecnología es deseo de conocer el mecanismo de una época. El estereoscopio es un dispositivo que presenta dos imágenes de la misma escena, separadas (una para cada ojo), con el fin de crear la ilusión de la tridimensionalidad. Existe desde la década de 1830, pero a Benjamin le interesa el que vio seguramente en Viena hacia 1910. Es dificil explicar de qué se trata esta atracción: una serie de 32 sillas dispuestas en círculo ante un gran mueble. Cada uno de los asientos tiene frente a sí un par de visores por los cuales se asoman y pueden ver esa fantasía de mirar paisajes en tercera dimensión. Es una de las estructuras que vio y que le sugirieron las ideas de su texto La obra de arte en la era de su reproductibilidad técnica. En este caso (el cuento “El segundo yo”), su personaje es Krambacher, un empleado que se pierde una noche por la ciudad hasta que llega a un ambiguo local, el sitio del Kaiser-Panorama, que anuncia una función de gala: Un viaje por el año pasado. Es una función especial, efectivamente, se trata de doce vistas, una por cada mes del año, con títulos como éstos: “La mujer que quisiste seguir”, “La ropa que te quisiste poner” o “El cuarto de hotel que quisiste tener”. No me queda muy clara la descripción del autor, es un texto que parece ser un borrador para desarrollar más adelante. Pero la sensación fantasmal tiene su aspecto inquietante. No sabemos si Krambacher mira a su otro yo en las situaciones en que él hubiera querido estar. Tal vez la imagen para el ojo izquierdo muestra la posibilidad en que se metió ese otro yo. Y la imagen del ojo izquierdo muestra la realidad que no pudo cumplir. El dueño del local le dijo al entrar: “Va usted a conocer a un señor que no se le parece en nada: su segundo yo”. Krambacher caminó toda la noche reprochándose no seguir sus impulsos, así que gracias a este invento va a saber qué hubiera pasado de atreverse con el libro que hubiera querido leer, con la pregunta que hubiera querido hacer o con la palabra que hubiera querido escuchar. Krambacher, este personaje fantasmal, verá esas posibilidades de lo ya pasado. Cómo es que pasamos frente a tantas puertas y sólo abrimos unas cuantas. Como se trata de una premonición del cine, quizá es que ahora vemos esas nuevas imágenes audiovisuales para saber qué hubiera pasado el año pasado, o bien el camino paralelo de abrir las otras puertas del destino. ¿Ven ustedes? La visión estereoscópica del universo nos hace preguntarnos sobre el segundo yo de Walter Benjamin, el que no se suicidó en ese día impreciso de 1940 y caminó hacia otro destino, el de la imagen para el ojo izquierdo, que no veremos nunca.

domingo, 23 de febrero de 2025

El camaleón. La invención de Donald Trump, de Maggie Haberman



Pienso que la relación de Trump con el mundo es una compleja partida de ajedrez. Pero una partida en que el principal contrincante habla y vocifera demasiado. Así que es necesario separar el decir y el hacer del Presidente de los Estados Unidos. Pareciera que su discurso estentóreo le sirve para distrar y confundir sus victorias y sus fracasos en cada uno de sus movimientos –si hacemos una lectura generosa de su estrategia de comunicación. La corresponsal en la Casa Blanca de The New York Times, Maggie Haberman, escribió esta biografía que concluye con el fin del primer periodo presidencial de Trump. Gracias a ella podemos hacer un recuento desmenuzado de cada uno de sus pasos. Llama la atención que la vocación primera de Trump haya sido el cine, que haya abandonado la idea de estudiar para director con el fin de hacerse cargo de los negocios inmobiliarios de su padre, y que su futuro mentor, el abogado mccarthista Ray Cohn, viera en él antes que nadie las posibilidades políticas que hoy padece el mundo. Detrás de este político: la fascinación por la pantalla, por la producción televisiva, por la penetración del cine… Todo comenzó cuando Trump puso como condición para prestar el lobby de su hotel en la cinta Mi pobre angelito 2 (1992), que él apareciera en una de sus escenas. Y más adelante, su participación como conductor de la serie The Apprentice (16 temporadas, 2004-2015), preparó su camino a la presidencia. Según la columnista de The New York Times, Maureen Dowd, la megalomanía de Trump se ha multiplicado y le ha permitido llamar a Volodímir Zelenski, el presidente de Ucrania, como “un comediante modestamente exitoso” cuando Trump no es más que un “un veterano de reality shows con un talento modesto” (“Fail, Caesar!”, 22/2/25). Lo que quiere decir que el lenguaje que se sigue hablando es el de la televisión. La apariencia como madre de todo discurso, las amenazas al mundo como la editorial diaria de la Casa Blanca. Por suerte tiene sus defensores incluso en otros países, como el diario Reforma, ávido de convertir en victorias las rectificaciones de palabra y de acto del presidente Trump. Es interesante ver cómo su discurso pretende fomentar la re-industrialización de los EU, aunque las circunstancias geopolíticas no sean tan adictas suyas. Esa dialéctica política lo enmarca hoy. La lectura del libro de Maggie Haberman aporta varios elementos. Por un lado, es un termómetro de las relaciones entre el principal diario de los EU y la Casa Blanca (por lo que nos permite saber de esa interlocución cotidiana entre Trump y el diario que participó sincronizadamente en varias calumnias contra los gobiernos de AMLO y Claudia Sheinbaum, o cuyo consejo editorial recibió la importante y seguramente aleccionadora visita de Xóchitl Gálvez en 2024). Y por otra parte, es una minuciosa crónica doméstica del poder estadounidense en que los demás países casi no existen (sólo una referencia a México en 830 páginas, concretamente, sin nombrarlo, a Luis Videgaray) y la geopolítica del planeta, sólo un pretexto para explicar las cuotas del poder norteamericano.

 

Maggie Haberman. El camaleón. La invención de Donald Trump / Confidence Man. The Making of Donlad Trump and the Breaking of America, tr. Àlex Guàrdia Berdiell (2022). México, Planeta, 2024.