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lunes, 12 de septiembre de 2016

Cuentos completos, de Antón Chéjov

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Creo que Antón Chéjov (1860-1904) ha tenido la mala suerte de ser leído por cazadores de recetas. Se ha dicho tanto que para escribir el cuento perfecto hay que seguir todos aquellos consejos que emanen de sus historias. Sin embargo, sé que Chéjov era reacio a dar consejos, quizá ni él mismo se ponía a sistematizarlos. Y pienso que toda esa poética que se ha formado a su alrededor fue formulada por un pobre escritor que no sabía qué hacer cuando le preguntaban algo sobre su obra. Sus consejos eran desconcertantes, pero los resultados son historias inolvidables. Decía, por ejemplo: "Descanse y después escriba". Pienso que lo más emocionante de sus cuentos es el hecho de que tenía la capacidad de encontrar algo particular en cada una de las existencias. Cada uno de los rusos de su tiempo tenían una historia, así como cada uno de nosotros. Sólo que quizá esos rusos no estaban tan convencidos de que sus vidas fueran importantes. Todo lo contrario de las frecuentes personas que a veces escuchamos: “¿Tú eres escritor? Con mi vida podrías hacer una novela.” Pero Chéjov prefería encontrar sus historias de otro modo, quizá con la experimentación directa, apuntando peculiaridades poco personales, más bien circunstancias excepcionales. Aquellos que tanta importancia se dan en la vida, se desilusionarían si se vieran retratados en las narraciones de este autor. Entre todos estos cuentos (naturalmente no están completos, ya que las ediciones actuales son enormes), no hay nada extraordinario. Quizás eso le fastidiaba, todas las historias son comunes, intrascendentes. No retrata caracteres como lo haría un autor realista. Por el contrario, los hombres aquí están como despostillados, algo desgastados por el uso. Lo que le interesa es aquello que ocurrió en alguna ocasión, no podría o precisar cuándo ni a quién. Esa preocupación que esa anciana tenía, pero no recuerdo bien cuál era, es más interesante la preocupación en sí. Hacia el final del libro, cambian un poco los cuentos. No sé si hay un orden cronológico (no se aclara), pero se va viendo una preocupación más interesada en el mundo. ¿En el mundo? ¿así de abstracto? Sí, en el mundo que por alguna razón ya no es igual, una naturaleza que sólo le comunica un mensaje triste al hombre, una humanidad cada vez más indiferente ante los demás. Sólo que de eso se dan cuenta los personajes más humildes. Aquella princesa que va a visitar su orfanatorio, fruto de su carácter virtuoso, no se da cuenta de que su visita anual causa la angustia de todos los trabajadores, que intentan ocultar la miseria en que viven. Cuando el médico del pueblo se lo hace notar, la princesa huye aterrada pero sin hacerse consciente de la realidad. Pocos cuentos en la vida me han impresionado como “Una bromita”, esa historia en que una muchacha sube muerta de miedo al trineo, sólo por saber si el “la amo” que escucha en su oído fue pronunciado por el viento o por el muchacho que quiere y que va sentado detrás de ella… Hay tal belleza en esa pequeña historia, que me hubiera gustado que Chéjov no soltara a ese grado las amarras que unen sus cuentos con la realidad. Le hubiera preguntado, su pudiera: ¿en dónde ocurrió en verdad esa historia? Él voltearía y con un gesto algo indiferente, señalaría a Rusia, y diría: por ahí.

Antón Chéjov. Cuentos completos, versión directa del ruso por E. Podgursky y A. Aguilar, prólogo de J.E. Zúñiga, con 10 ilustraciones. Madrid, Aguilar, 1957.

1 comentario:

Luis Bernardo Perez dijo...

El placer de leer a Chejov no se olvida. Gracias por tu texto.