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viernes, 24 de abril de 2026

La lluvia, de Méndez Vides



Hace años, Carlos Monsiváis me dijo que sus primeros textos fueron: la reseña de un concierto de Bola de Nieve y la crónica de la manifestación de apoyo al presidente guatemalteco Jacobo Árbenz, el 2 de julio de 1954. Ahí vio por única vez a Frida Kahlo, en su última aparición pública, once días antes de su muerte. La CIA había derrocado días antes, por medio del apoyo a un golpe de estado, al presidente Árbenz. La CIA nunca decepciona cuando aparece en las páginas de las novelas o de los libros de Historia, es una agencia que representa papeles siempre siniestros, aunque nos dicen que muchas veces han sido notables por su ineptitud. Arabella Árbenz, hija de ese matrimonio, hizo carrera de actriz en Francia y en México. Aquí apareció en la película Tajimara (1965, en el segmento Un alma pura, dirigido por Juan Ibáñez). Después tuvo un romance con Emilio Azcárraga Milmo y luego, con el torero Jaime Bravo. Luego de que este último la rechazara, Arabella se quitó la vida, el 5 de octubre de 1965. Nada de esto sucede en la novela de Adolfo Méndez Vides, pero son cosas que no quería dejar de decir. Antes de la existencia de Fidel Castro era el enemigo favorito de los Estados Unidos. De algún modo, el triunfo de la Revolución Cubana lo dejó descansar un poco del acoso. Traje esta novela de un viaje a Guatemala, y ahora, después de leerla, veo que Méndez Vides acaba de obtener el Premio Nacional de Literatura de su país. Su carrera, dice, fue impulsada por Augusto Monterroso y Nélida Piñón. Y su novela es la narración de aquellos días previos al golpe de estado. El gobierno de Eisenhower se encontraba molesto por las acciones de Árbenz contra los intereses de la United Fruit en Guatemala. Acciones que eran consideradas comunistas por EU, pero que en realidad Árbenz había tomado de Lincoln. Árbenz había decidido expropiar tierras ociosas propiedad de la United Fruit por el costo que la propia empresa había exigido; sin embargo, John Foster Dulles (Secretario de Estado de EU y accionista de la United) pidió por esas tierras un precio veinticinco veces su valor. La novela de Méndez Vides explora la fragilidad del régimen de Árbenz, el enjambre de traidores que lo rodeaba, el complot político en todos los niveles de que no escapaba la Iglesia. Y está ese militar pequeño, con bigote copiado a Hitler, que fue amigo de juventud de Árbenz: Carlos Castillo Armas. Compartieron causas políticas, y en un momento Árbenz y su esposa María Vilanova, de viaje en Nueva York se encontraron al viejo amigo. Ahí, relata Méndez Vides, cenaron, pasearon por la ciudad, sin que el matrimonio presidencial se imaginara que Castillo Armas ya había firmado la traición ante la CIA. El traidor, pero no el único, pues la propia iglesia contrata a otro asesino para que termine con Árbenz. Y bueno, no está de más recordar que existe la CIA, las tres letras más fatídicas en la historia de nuestro continente…

 

Méndez Vides. La lluvia. Guatemala, Norma, 2007.

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