Israel representa hoy la forma genocida del colonialismo europeo. Su idea de una guerra permanente es llevada hoy por dos criminales de guerra, Netanyahu y Trump. Mientras escribo están en suspenso las negociaciones de paz en Pakistán. Israel es el país más odiado del mundo, más incluso que Estados Unidos. Y ese odio es sólo comparable con la indignación moral que aparenta tener Netanyahu. Amenaza a España porque el presidente español se atrevió a decir en voz alta lo que cualquier nación digna tendría que decir. Sin embargo, la guerra ideológica también la están perdiendo los genocidas. Aunque la amenaza de destruir Irán en una sola noche no despertó la respuesta internacional que se merecía, hubo una expectación universal. Los justificadores del genocidio usan como defensa el supuesto antisemitismo, cuando la mayor parte de los israelíes no son semitas. En estricto rigor, los líderes israelíes han sido desde siempre criminales europeos que han cambiado sus apellidos para aparentar ser originarios de Medio Oriente. Mi idea de Israel ha cambiado poco a poco, pensé mucho tiempo que era un derecho de un pueblo. Pero el expansionismo, el colonialismo, el odio cultural al islam, el supremacismo, la ignorancia, todos estos elementos, tienen que ver con el plantemiento que hace un país unido por la idea de religión, de una ideología que recoge antiguas mitologías como base de un derecho. (Viejas historias llenas de violencia). La propia creación de Israel como país tiene raíces confusas, ya que fue concebido por personajes progresistas que buscaban una salida a la persecusión nazi (sin saber que esa idea contendría el huevo de la serpiente). La creación de un estado judío es anterior a la Segunda Guerra Mundial, des 1910 se hicieron viajes a la región para valorar Palestina como sitio de establecimiento. Justin Godart (1871-1956) fue un político francés dedicado a la causa de la salud y la protección de los migrantes, y que combatió al gobierno colaboracionista de Vichy. Salvó a numerosos judíos de la persecusión nazi, y creó en 1933 el comité Agricultura y Artesanía para dar trabajo a los judíos alemanes que partían para Palestina. La idea central era dar educación técnica, enseñar francés e historia del pueblo judío a los futuros trabajadores de Palestina. Se necesitaba un comité en que participara un gran número de personas, pues debe considerarse que había grupos negociando terrenos en la zona de Palestina. Godart tuvo el apoyo del estadounidense James Grover McDonald (1886-1964), Alto Comisionado de la Sociedad de Naciones para los Refugiados procedentes de Alemania. McDonald sostuvo conversaciones con el gobierno nazi; como hablaba fluidamente el alemán, se ganó la confianza de los alemanes. En su diario dejó escrito que oír hablar a los alemanes sobre los judíos “daba escalofríos”. Se comprometió con la causa sionista a tal grado que años más tarde se convirtió en el primer embajador de EU en Israel. En una ocasión defendió al primer ministro Ben-Gurión –otro falso semita: era polaco de nacimiento, de apellido Grün– cuando se enteró de que el presidente Truman amenazó con imponer sanciones a Israel. La causa: que este país planeaba la anexión de la Franja de Gaza. El escritor Thomas Meyer explica que prácticamente desaparecieron todos los papeles de Agricultura y Artesanía, comité en que trabajó Hannah Arendt (1906-1975), aunque no se sabe con exactitud qué hizo ahí (Hannah Arendt. Una biografía intelectual. Anagrama, 2023). (Arendt era entonces una joven académica, exalumna de Heidegger, que venía de la filosofía pero se dirigía a la política, que deseaba una beca que le permitiera instalarse en Estados Unidos. Su interés era explicar el moderno antisemitismo pero basada en categorías políticas. Sin embargo, no obtuvo entonces esa oportunidad.) Me parece importante Hannah Arendt porque fue una intelectual contemporánea de la idea de una nación para el pueblo judío. ¿En qué momento esta idea se envenenó? Desafortunadamente, la biografía de Meyer no me aclara mucho, es un libro hecho para los conocedores de la obra de Arendt. Pero se mira una intelectual con una conflictiva relación con el comunismo aun cuando fue una gran amiga de Walter Benjamin. Su segundo marido (1929-1937), Günther Anders, era un comunista cercano a Bertolt Brecht, pero ella tenía más interés en el activismo sionista que la llevó a acercarse a los intelectuales judíos de Francia que apoyaban la emigración a Palestina. El pensamiento de Arendt puede parecer incómodo para izquierdistas y derechistas: su idea del totalitarismo puede tener un uso ambiguo, en contra del capitalismo o del comunismo. Desafortunadamente, no se dedicó mucho a la literatura, aun cuando leyó a Rilke y a Kafka. Sin embargo, uno de sus textos más importantes se basó en la novela El corazón de las tinieblas (1899), de Conrad. Kurtz, el personaje que se vuelve un semidiós en una tribu africana, es la encarnación del mal. Arendt dice que Kurtz representa “a un nazi”. O sea que la realidad que vivió Europa a partir de 1933 se prefiguró antes, en la literatura. La Historia nos da una lección ya que ocurrieron los hechos. Pero la literatura puede hablar previamente. El gobierno nazi le quitó a Arendt la nacionalidad alemana, y hasta que en 1951 adquirió la estadounidense, fue apátrida. Eso quizá explica las grandes alabanzas a los EU en su obra. Provenía de una familia de mercaderes judíos de Königsberg, la ciudad de Kant, pequeña, sin espacio, por lo que los edificios sólo podían crecer hacia arriba, edificios profundos que a veces tenían en el frente alguna cervecería. Puerto comercial, Königsberg prosperaba, pero tenía que luchar por renovar la infraestructura marina para poder continuar sus exportaciones a Alemania. En algo se parece la vida de los antepasados de Arendt a Los Buddenbrook, esa saga de varias generaciones. La muerte del venerado abuelo paterno, Max Arendt (1913), fue muy comentada en la ciudad. El funeral fue el adiós de un patriarca de carácter áspero, pero religioso y caritativo, al que acudieron las autoridades de la ciudad. Königsberg, Linden-Limmer (la ciudad natal), París, Lisboa (por donde huyó de Europa) y Nueva York, en donde se instaló. En 1941 comenzó su trabajo intelectual en los Estados Unidos. Desde este país observó constantemente todo lo ocurrido en Palestina. Escribió contra los grupos terroristas Irgún y LEHI, que se distinguieron por asesinar a ciudadanos árabes. (El LEHI incluso consideraba alianzas tácticas con Hitler). Por su parte, el Irgún es el antecesor del actual Likud, el partido del genocida Netanyahu. Ya entonces, escribía en torno al entendimiento entre judíos y árabes. El pensamiento de Arendt me atrae y me aleja. Por un lado, estuvo en contra de la persecución a comunistas de parte del senador McArthy, pero escribió a favor de la Revolución húngara de 1956. Thomas Meyer concluye que fue una escritora que se hizo visible relativamente tarde. Sobre todo, fue junto con Theodor Adorno, quizá, los dos primeros intelectuales que usaron la prensa, la radio y la televisión, para difundir su pensamiento. Son mis apuntes sobre una autora que no renunció a la discusión pública, y que me sirven para articular algunas ideas sobre cuestiones que están ocurriendo hoy.
Thomas Meyer. Hannah Arendt. Una biografía intelectual (2023), tr. José Rafael Hernánez Arias. Barcelona, Anagrama, 2025.