Todo depende del tiempo. Si consideramos que aún lo tenemos, podemos hacer un poco más. Aunque, si todavía hay tiempo, se puede procrastinar un poco. Si no lo hay, ¿qué es lo que aún podemos hacer? Quizás, ya nada. El llamado a hacer algo por la naturaleza nunca había sido tan apremiante, pero tampoco había estado tan enredado con otras luchas. Determinar lo que corresponde exactamente a la lucha ecológica quizá sea un gasto de tiempo inútil. Y ya vimos que no se puede perder tiempo. Una disculpa por enredarme en mis palabras. Soy inútil para esto. No hago el mal conscientemente, además, desde hace mucho que asistimos a la discusión que quiere hacer tan culpable a la acción individual como a las acciones estructurales. Pablo Montaño desarrolla una lectura en torno a la esperanza en estos tiempos de nublazón espiritual. Me gustaría recomendar su lectura sin más ceremonia, pero me puse a apostillar, y hacerlo con las páginas de un libro que hace un llamado tan urgente es realmente imperdonable. Sólo haría perder tiempo. Sólo haría una precisión cuando se trata de explicar el capitalismo como producto de ideologías patriarcales o racistas (pp. 81-88), cuando la complejidad radica en que el capitalismo ha ido construyéndolas de diferentes maneras. Si se anteponen esas “narrativas”, el capitalismo sería producto de sus ideologías y no al revés. Quizá se trate de una minucia; sin embargo, contar el mundo de este modo llevaría a una confrontación de narrativas autosuficientes y no a una revisión de realidades y de sus formas de legitimación. Una historia contra otra. Pero las historias se refutan no a través de historias que las confrontan, sino descendiendo por las ramas hasta las raíces históricas, a la terrenalidad de los datos. (Por lo menos, es la objeción que le hacía Engels a Hegel: las ideas no pelean con ideas y dan lugar a nuevas ideas: las ideas encubren realidades económicas y políticas.) Tal vez no sea tan importante este aspecto dentro de las proposiciones de este libro. Me parece más importante y sugerente el pasaje en que el autor señala que una ensoñación poética puede llevar a la acción. Los sueños petrificadores con que el capitalismo ensucia el mundo pueden revertirse. Así, la evocación del mundo anterior puede servir de destino. El pasado como un mundo que se puede reconstruir, restaurar la utopía que había quedado atrás; sin embargo, nunca vimos en qué momento de la historia la habíamos sobrepasado. Nunca nos fijamos, en este enorme mapa de carreteras, cuándo aquel mundo al que habíamos querido llegar se perdía entre confusos planteamientos teóricos y experimentos desafortunados. Pero no volvamos tan atrás que tengamos que idealizar al estado de naturaleza, en que el ser humano es víctima de las fuerzas naturales. Es tan confuso este paisaje pues incluso los monstruos del pasado se convierten en divertidas apariciones. Al hacer el recuento histórico de la dominación imperialista de Centroamérica, se evoca la sombra infame de la United Fruit Company (que no la American Fruit Company). Recuerdo de pronto su encantadora propaganda, la canción Chiquita banana (1945), en que una banana canta sobre la manera de comerse y sobre el clima tropical que tanto le gusta. ¡No poner en el refrigerador!, nos advierte. Ahora que debería de odiarla, recuerdo que a esta canción la grabó Chet Baker y también Xavier Cugat. Como una deliciosa tarta de plátano que tiene entre sus ingredientes la expoliación criminal, la lectura de una historia del medio ambiente contiene elementos ideológicos dentro de sus formulaciones. Salvo una dulce canción de contenido agrio, ya sé. La United fue nociva por el control político y económico que llegó a tener en las repúblicas centroamericanas. Pero la inversión extranjera no es fatalista de por sí, esta idea requiere matices. No considero justa la frase en que se dice que “los gobiernos del Sur Global han sido entrenados para vitorear la inversión extranjera”. ¿Se refiere a los gobiernos progresistas que logran inversión económica para proyectos de desarrollo? ¿O a gobiernos de derecha que usan ese capital para beneficiar empresas a costa de la destrucción ambiental? ¿Da igual que sea el gobierno de Javier Milei que el de Claudia Sheinbaum? No diferenciar contribuye a vulnerar los avances de carácter social en varios países de América Latina, puesto que los considera simplemente víctimas de un proceso económico ante el cual no tienen posibilidades de ofrecer una resistencia política. Lo digo con la esperanza (también climática) de que nos pongamos de acuerdo en un tema urgente.
Pablo Montaño. El libro de la esperanza climática. Una guía para quienes no quieren rendirse frente a la crisis, prólogo de Yásnaya A. Gil. México, Taurus, 2025.