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domingo, 30 de junio de 2024

Claudia Sheinbaum: Presidenta, de Arturo Cano



Creo que leí este libro de Arturo Cano en octubre del año pasado, ya convencido de que el título se volvería realidad. Esperé para escribir sobre él porque quería unir las palabras de Claudia Sheinbaum con lo que pasaría después de su triunfo. Entre los muchos motivos para emocionarme, está ese lazo que la une con la izquierda universitaria, la cual existe, pero ha sido empañada por la academia conservadora que ha tomado el poder en la UNAM durante muchos años. Claudia reconoce a Raúl Álvarez Garín como maestro en la política, proviene del Consejo Estudiantil Universitario (CEU) y ha combinado la formación académica con las causas sociales. Es importante hacer notar el mayor peso de esta rama de la izquierda en la Cuarta Transformación, lo que ha llevado que en los medios se resalte este carácter en los miembros del gabinete que se está integrando. Quizá su característica común es su experiencia (ya son cuadros formados en los gobiernos de izquierda) y su especialidad en cada una de las áreas. Sin embargo, algunos medios, resaltando estas características parecieron hablar de un aspecto “tecnocrático”, de superioridad técnica, cuando en realidad todo se encuentra unido bajo la idea del compromiso social. En el fondo se encuentra el lema de la Ciudad de México durante la administración de Claudia Sheimbaum: “Ciudad innovadora y de derechos”. La H agregada al acrónimo del Conacyt a principios de 2023 tiene el significado de darle a las Humanidades la misma categoría que las Ciencias y la Tecnología en la búsqueda de respuestas a los problemas nacionales. Convertida en Secretaría, esta institución, que será dirigida por la doctora Rosaura Ruiz, me imagino que será clave para poner en práctica, por poner un ejemplo, el Plan Nacional Hídrico, que necesita resolver aspectos técnicos (como la mejor tecnificación del riego en el campo o el reciclamiento), pero también los problemas derivados de la privatización de este recurso. Más allá de que las propuestas de Xóchitl Gálvez –salar el agua al ponerla en el lago de Texcoco, para luego desalinizarla– sonaran en su momento tan divertidas como preocupantes, uno de los defectos de la falta de programa de la oposición radica en la asociación libre de ideas siempre priorizando la privatización y la nostalgia del Neoliberalismo. Pienso, así, de pronto, que uno de los primeros mensajes que manda Claudia Sheinbaum antes de tomar posesión, es la idea de la articulación de las estrategias de gobierno, al nombrar en gran parte a especialistas con conocimiento social. El feminismo, los pueblos indígenas, el ambientalismo, etc., tienen sentido al ser concebidos de esta manera. Éste es, apenas, un bosquejo rápido, que ojalá pueda ampliar y estructurar, sumarle ideas. Pero la primera de las ideas de los opinadores de los medios comerciales consiste en pedir que Claudia se “distancie” de Andrés Manuel, lo que además de ser expresión de no comprender nada, significa que no leyeron lo que los resultados electorales piden: profundizar en el mismo camino, perfeccionando el recorrido previo. Pero son los silogismos con que se consuela la reacción los que escuchamos a unos días de que comience el sexenio de la primera mujer que llega a la Presidencia.

 

Arturo Cano. Claudia Sheinbaum: Presidenta. México, Grijalbo, 2023.

sábado, 22 de junio de 2024

México: El peso del pasado, de Fernando Escalante Gonzalbo



Llama la atención la formulación antimarxista que el sociólogo Fernando Escalante Gonzalbo más o menos esbozó hace años durante una entrevista con Fernando del Collado (en Milenio) de una de las Tesis sobre Feuerbach: "Los filósofos no han hecho más que transformar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de interpretarlo". Con el añadido de que este ideario abre (o abría) las puertas de la academia y de los cubículos más altos. En esa misma conversación hizo algunas reflexiones más: “La realidad es el contrapeso que importa”, “La 4T es una frase nada más”, “AMLO tiene un sentido viejísimo de nación”… Curiosamente, la realidad puso al pensamiento reaccionario un contrapeso inobjetable, una manifestación popular que les hizo ver que no transforman el mundo y tampoco lo saben interpretar. El 2 de junio irritó a los comentaristas de los medios de la derecha. El pueblo se manifestó de una manera tan inesperada, que enojó a la academia y a los periodistas. ¿Es que el pueblo no lee Letras Libres o Nexos?, ¿no vio el conmovedor video de Enrique Krauze? Yo leí un libro de Cal y Arena del autor mencionado, interesante elaboración pues permite saber cómo se mira la realidad mexicana retirado en la paz de los cubículos. Se habla de la historia del país como resultado de una dialéctica (Estado-clase política), de donde brota un “arreglo” cuya administración le permitió al PRI un largo periodo de gobernabilidad. Ese arreglo, en el cual no se profundiza mucho, necesita para existir de una clase política numerosa, un margen de impunidad, el control de los resultados electorales y del sistema de procuración de justicia. De tal modo que la impunidad, la corrupción y hasta el uso ilegal de la fuerza serían una necesidad estructural de este sistema de arreglos entre sólo dos instancias. Dos instancias que no toman en cuenta la sociedad –el pueblo, la sociedad civil (como dicen los más conservadores)– más que para verla como un sector a regular. Algo así como la justificación académica de “la corrupción es cultural”, que señaló Peña Nieto. México: el peso del pasado se publicó en 2023, lo que quiere decir que hasta fechas muy recientes se escriben textos justificatorios de Felipe Calderón. Donde vimos un desbordado ascenso de la inseguridad en el país y una colusión con sectores del narco (y hoy, un secretario preso en los EU), en realidad, lo que pasaba era que Calderón intentaba “trazar una frontera nítida, indudable, entre la legalidad y el crimen” y “expropiar los recursos de la fuerza” que se encontraban en manos de actores locales. Más interesante es el texto en torno al PRI, cuya ideología, resultante de la Constitución de 1917, se “desfuncionaliza” a partir de 1968. Pero nada dice el autor de la distancia entre el discurso del PRI y su actuar, su aparente defensa de la democracia y su nula práctica en ese sentido. Las luchas sociales no suenan ni siquiera en sordina a lo largo de estas páginas: todo es la lucha entre una maquinaria técnica (la del Estado) y la “clase política”. No mira al Estado como un aparato represivo al servicio de una clase privilegiada, buscando más privilegios a costa del pueblo. Esa mirada desenfocada (por decirlo amablemente) impide ver de manera clara la realidad y decir con gran suficiencia que “la 4T es una frase nada más”.

 

Fernando Escalante Gonzalbo. México: El peso del pasado. Ensayo de interpretación, prólogo de Héctor Aguilar Camín. México, Cal y Arena, 2023.

viernes, 14 de junio de 2024

Novia que te vea, de Rosa Nissán



Hace algunos años, cuando me encontraba formado en un café, se encontraba delante de mí una señora bajita, con un mechón blanco sobre la frente, pidiendo su propia bebida. Era tan fuera de lo común que me dije que me gustaría ser su amigo. Cuando volteó y me vio, me gritó: “¡Pável, soy Rosa Nissán!” Tantos años de no verla, que no la reconocí, vestida de negro, siempre alegre, y llena de cosas que contar. Me enseñó muchas de las fotografías que ha tomado a lo largo de su vida y me contó la idea de hacer un libro con esas imágenes. ¿Qué se mira en el libro de Rosita? Ella misma construida gracias a su mirada. Ella, en fotomontaje, con cuerpo de mosca, tirada en el piso: una mosca muerta. Ella, pero disfrazada de luchadora, en pleno Parque México: Rose Demon. Ella, con el cuerpo deshecho por culpa de un accidente automotriz: Rosa Dolorosa. Rosa, con su propio exvoto pidiendo su salud. Claro que nos conocíamos, desde hace tantos años. Cuando salió su primer libro, Novia que te vea, lo compré, lo leí, pero no lo comprendí. Apenas ahora, en la segunda lectura, me inundó su riqueza. Antes, yo no sabía de la lengua ladina. No imaginaba la belleza ancestral de un idioma que viajó por el oriente y que migró nuevamente a otros países, México uno de ellos. Antigua colonia Condesa, familias sefardíes con acento exótico, español pero con especias orientales. Qué lástima que sean tan pocas las oportunidades de escucharlo, se embelesa uno oyéndolo. Fue común en la Lagunilla, en los barrios del centro de la ciudad. Son los ambientes de esta novela autobiográfica que disfraza un poco los nombres y retoca una que otra historia. En ese mundo de los años 50, qué pocos destinos tiene una joven, sobre todo si pertenece a una comunidad tan conservadora. Rosa quiso ser periodista y luego laboratorista, con el consabido escándalo materno: “No te abasta con el mugroso título de periodista… Estás atavanada.… Y cuando vamos a descansar un poco para decir: muestra hija, sosdé ya gana su dinerito, ¡no!, apenas dos meses de sueldo y ya inventas algo nuevo, y sales con que quieres ser química. ¡Dios mío!, ¿por qué mos diste una hija sabia?” Habla la madre, pero habla también el idioma, una cadencia que da nostalgia. Rosa Nissán fue a dar al taller de Elena Poniatowska, en donde pudo escribir esta novela, libro que además de un documento fue la posibilidad de construirse a través de palabras, deslindar la educación familiar del poder de la palabra. La vida es tan fácil como conseguir marido, para qué otra cosa. Las clases de Elena la liberaron, la llevaron a escribir, le pusieron a su vida una columna vertebral. Desborda tanto su voz inconfundible, que me atemoriza un poco. Tan pocas fuerzas tengo para decir “yo”, que la novela de Rosa me apabulla. Me dice que es posible simplemente llenar páginas con la experiencia de la vida, para poderse ver uno mismo. El ejercicio literario es también una prueba de valor vital. Es pura casualidad, pero a punto de poner punto final, veo que Rosa Nissán cumple hoy 85 años. Y su voz y su originalidad florecen igual que la joven que protagoniza su libro.

 

Rosa Nissán. Novia que te vea. México, Planeta, 1992. (Col. Fábula)

domingo, 2 de junio de 2024

La mala hora, de Gabriel García Márquez



No sé qué digan los expertos acerca de La mala hora (1962), pero parece la menos “García Márquez” de toda su obra. Creo que eso se debe, en primer lugar, al manejo del tiempo narrativo, centrado en el tiempo particular de cada escena. A diferencia del resto de su obra, en que procura dar una visión general de la historia, en esta novela se ocupa de pequeñas escenas, relatadas de tal manera que el gran tiempo social parece quedar inmóvil y lejano. El viento, las emociones, las estaciones, parecen detenidas. Es la narración del tedio; y fue escrita a lo largo de más de cinco años, en varios países, llevando consigo siempre cargando el manuscrito de ese pueblo que despierta de la modorra a causa del escándalo: unos pasquines que aparecen pegados en las casas y que revelan los secretos del pueblo. Curiosamente, no son secretos, pues en el fondo es lo que todos los vecinos suponen, pero callan. No se trata de una novela que pretenda buscar al responsable (pues son todos y nadie), ni la manera en que el anónimo autor se entera de las historias (todos las conocen y las creen). Uno se pregunta por qué los vecinos se escandalizan y se intranquilizan con la posibilidad de aparecer en los pasquines. Quizá es porque los pasquines le dan materialidad a las historias que vagan sueltas entre la gente y las vuelven verdaderas. Por otra parte, las cosas ni siquiera pasan frente a nosotros: siempre en un lugar profundo de las capas narrativas. Como una piedra que cayera en un sitio distante del lago de las historias y cuyas ondas atravesaran de pronto lo que leemos. Si la manera de narrar es la opuesta a Cien años de soledad, también lo es la personalidad de este deprimente pueblo sin nombre (en la realidad: Sucre, el municipio natal de don Gabriel Eligio, padre del autor). Los personajes forman racimos separados, pero las revelaciones de los pasquines los atraviesan a todos. De Roberto Asís, por ejemplo, el menor de una familia acaudalada del pueblo, se dice que no es el padre de su hija. Los chismes repartidos por las casas son temidos por el pueblo porque pueden desembocar nuevos asesinatos. La novela, de hecho, comienza con la muerte de Pastor, un clarinetista, porque uno de los vecinos, César Montero, leyó en un pasquín que su esposa había servido de musa de una de las canciones del músico. Todo ocurre en un pueblo a punto de desmoronarse. El único poder es el de un alcalde corrompido detrás del cual sólo hay un vacío administrativo, el silencio de un poder central que nunca llega. Y la idea de que las elecciones sólo traen crímenes y más muertes. El tiempo circular de los pueblos dominados por los cacicazgos. La minuciosa narración de un tedio que nunca termina. Qué curioso… No había pensado, mientras leía La mala hora, en su alegoría potencial y ominosa. En las noticias falsas y anónimas que aparecen pegadas a nuestros muros virtuales todas las mañanas. Por suerte, ya no es la historia de América Latina la mecánica repetición de la tragedia. Ante los pasquines que ahora se nos aparecen, reconocibles, aunque anónimos, tenemos la posibilidad de no dejarnos recaer en sus intenciones. A veces caemos en el pesimismo de decir que la Historia no enseña al futuro. Pero casi es posible decir que los pasquines contemporáneos tienen muchas menos posibilidades de dañar que los referidos en La mala hora.

(Madrugada del 2 de junio de 2024, entre un calor digno de García Márquez)

 

Gabriel García Márquez. La mala hora. México, Diana, 2015.

sábado, 25 de mayo de 2024

El lawfare. Golpes de Estado en nombre de la ley, de Arantxa Tirado Sánchez



En numerosas ocasiones, el presidente Andrés Manuel López Obrador, ha recordado una frase de Carlos Monsiváis: “La única doctrina de la derecha es la hipocresía”. Para describir a la reacción mexicana, me parece perfecta. Explica el discurso de odio vestido de rosa y puesto a secar los domingos por la mañana. Explica la palabrería demócrata entre los herederos de los golpistas militares de los años 70. Dado que la hipocresía es consciente de su verdad, la cual no se atreve a revelar, describir su actuar es la mejor manera de conocerla. La derecha ha intentado definir el populismo como aquel régimen que se vale de las elecciones para llegar al poder y desde ahí desmantelar las instituciones democráticas. Sin embargo, esto no ha sucedido en los gobiernos de izquierda, pero sí en los gobiernos manipulados por el Banco Mundial. ¿Para qué –se pregunta la autora, Arantxa Tirado– un político expondría su vida al pelear por las luchas sociales para luego entregarse al capital internacional si iniciando su vida como un neoliberal aseguraría desde un inicio todas sus comodidades? Así que la calumnia es, igualmente, parte orgánica del discurso de la derecha. Sin embargo, ha ocurrido que grita mucho pero, afortunadamente, se le cree poco. Eso se debe a que los medios corporativos han cavado su propio descrédito y son cada vez menos eficaces para derrocar gobiernos, así que para lograrlo es necesaria la unión estructural entre: medios de comunicación masivos, el poder judicial y los intereses estadounidenses. Los dos primeros quedan muy claros, pero quizá me faltaba conceptualizar la última pieza, hasta que leí el artículo de la extraordinaria Nancy Flores: esa pieza es el Consejo Mexicano de Negocios, integrado por varias trasnacionales y financiado, entre otros, por Atlas Network, el gran gigante del golpismo latinoamericano (“EU, trasnacionales y los más ricos de México, detrás del grupo de presión IMCO”, Contralínea, 2 de septiembre de 2023). La estrategia conjunta de preparación de golpes de estado es el lawfare o guerra judicial. Este libro me parece fundamental para conocer de manera necesaria y exhaustiva el fenómeno en que hoy se han convertido los antiguos golpes militares. Parecen más técnicos, más legales, pero son sólo una forma nueva de la guerra híbrida, que es la que se libra hoy contra los movimientos de izquierda. Al principio, todo es sonrisas democráticas que se van desfigurando hasta el fascismo, conforme la reacción fracasa. Odian que los derechos colectivos sean priorizados ante los individuales, por lo que el individualismo se presenta agraviado por Youtube, entre lloriqueos y amenazas (¡sólo esta semana hubo varios!). Ante los fenómenos de la política, sólo hay que tener presente que el lawfare es parte de una estrategia de guerra, una guerra por la cual la política se judicializa, se anteponen los aspectos técnicos y legales antes que el bien social. El primer gobierno derrocado por este método fue el del presidente hondureño Gabriel Zelaya, el 28 de junio de 2009, pero el primer experimento del lawfare en estas tierras fue el desafuero de Andrés Manuel el 7 de abril de 2005. Esta estrategia de vulneración de las soberanías nacionales se presenta generalmente como portavoz del apoliticismo y la neutralidad.

 

Arantxa Tirado Sánchez. El lawfare. Golpes de Estado en nombre de la ley (2021), 1ª ed en México. México, Akal, 2023.

sábado, 18 de mayo de 2024

El pavo real blanco, de D.H. Lawrence



Nunca había leído un libro semejante a El pavo real blanco, de D.H. Lawrence (1885-1930). Es una ventana a un mundo en que la naturaleza brota como en un cuadro impresionista, la vegetación con sus colores que hieren los ojos con sus esplendores. Es la provincia ficticia de Nethermere (en la vida real: Eastwood, el lugar de nacimiento del autor), y por ella deambulan algunos jóvenes completamente llenos de vida y de erotismo, al grado de que sus pieles, manos, espaldas, ojos, se adhieren eróticamente a la vida como una planta trepadora. Ése es el lienzo de la vida, palpitaciones y estremecimientos que recorren como un viento todos los órganos y miembros de los seres. Así como el deseo atrae los cuerpos, la naturaleza es también indiferencia mutua. Las distintas especies se ignoran entre sí, los gatos, las ortigas y la juventud de la vida se contemplan con inconsciencia. Más que contemplar, están para ser contemplados. Es la floración de la vida. Así se mira el cuerpo apetecible de George, con su chaleco desabotonado, caminando por las veredas rodeadas de vegetación. Es una ventana que abrí, agobiado por el calendario laboral, para mirar la vida en plenitud. Ya saben, es una ilusión, es una ventana que mira hacia un mundo hecho de letras incoloras. Pero, por alguna misteriosa razón, vuelan las alondras, aturde el ruido de la naturaleza. Lettie, la muchacha enamorada de George, se acerca a las flores como si fuera una Perséfone liberada. Incluso, los dos cuerpos masculinos, de George y Cyril, se confunden como algas, en medio del estanque, se entregan como peces. Las vidas de los personajes tienden al amor, sólo que este sentimiento es apenas un esbozo dibujado sobre las inconstantes estaciones del año. Mira, nada dura en este cuadro exuberante de la vida. Son cuerpos tentadores, los de los personajes, que cuando caen del árbol se abren en la tierra. Si los recogemos un poco después, es para ver que esa promesa se ha frustrado rápidamente. No son tantos los años que hacen de George un esposo alcohólico y lleno de frustraciones. Eso lo predica la vida circundante, los bosques de álamos negros, los ríos, los llanos. Mira, por ejemplo, este olmo: está lleno de vida, arroja sus semillas al viento. El año entrante estará muerto, puedes volver si quieres, fíjate cómo estará muerto. “Los árboles saben cómo morir, nosotros no”. Recorrer el campo es un aprendizaje de la vida. ¿Cuál es la enseñanza? Lettie mira a George, el enamorado que la sigue embelesado. “¿No crees que la vida es muy cruel, George, y el amor lo más cruel de todo?” Me imagino que sí, aunque no soy experto en el tema. Parece, ciertamente, una enseñanza grabada en el firmamento como una constelación. Sin embargo, es curioso, al volver a los lugares que alguna vez nos mostraron su sabiduría, nos encontramos con que dicen cosas muy diferentes que la última vez…

 

D.H. Lawrence. El pavo real blanco The White Peackock (1911), tr. Patricia Scott. Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2022.

sábado, 11 de mayo de 2024

El orbe extraño de Panza de burro



La novela Panza de burro me sedujo porque maltrata el lenguaje lo mismo que la moralidad de sus personajes. No le importa la limpieza de su mundo narrativo, ni enaltecer nada. Todo es un derrumbarse constante. Narra la vida de una adolescente de Tenerife que no tiene acceso a ninguna herramienta en la vida que la construya. Se enamora de su mejor amiga (Isora), pero el amor es un orbe tan extraño, que no sabe enunciarlo ni vivirlo. Es algo que tiene que ver con secreciones… pero no atina a saber cuáles. Así como la autora, Andrea Abreu, maltrata a sus personajes desde dentro e incluso su circunstancia misma, la de la pobreza económica y existencial, yo también trataré de maltratar esta novela. Quiero saber de qué está hecha y cómo fue construida. Me gustaría ver las tripas lingüísticas salir si apachurro las panzas de los personajes. La autora ha dicho que ellos viven en la periferia de la periferia. Sólo que la página de turismo de Tenerife no refiere nada acerca de la miseria en esta isla, sólo fotos paradisiacas y playas azules. Tendré que imaginar una periferia rodeando otra periferia –lo cual, más que algo exterior es un agobio dentro de otro agobio. Allí se encuentran dos niñas y sus familias, condenadas a no participar de la cultura. Lo primero que quiero saber de este libro es si se trata de una novela realista, no por otra cosa que como un punto de partida, ya que Miguel de Unamuno, al explicar la creación de sus novelas plantea el problema del realismo: “Las figuras de los realistas suelen ser maniquíes vestidos, que se mueven por cuerda y que llevan en el pecho un fonógrafo que repite las frases que su Maese Pedro recogió́ por calles y plazuelas y cafés y apuntó en su cartera” (“Prólogo” a Tres novelas ejemplares y un prólogo, 1924). Esa categoría ha quedado muy distante de la gran mayoría de los narradores actuales. Sin embargo, plantea algo que me interesa: si es el espíritu del personaje en plena agonía, o si se trata de una inquietud existencial del lenguaje. ¿Habla una niña o habla el lenguaje a través de esta novela? Me intriga, no me parece impertinente preguntárselo a estas páginas. Yo, que soy tan afecto a los maniquíes literarios, veo aquí algo más: un personaje que habla y no se queda dentro de los límites del habla de una adolescente. Construye una estética literaria que parece salir involuntariamente de los poros del idioma, construirse con los rudimentos del habla canaria. Digo rudimentos, pero son palabras que suenan a una rusticidad exquisita. Parecida a las palabras que usaba Gabriela Mistral en sus poemas, rudas porque parecen sacadas de las minas de los antiguos usos dialectales. Por cierto, ¿cuál es el nombre de la narradora? Por ahora, basta con saber que Isora la llama: “shit”. Mierda. En esa palabra caben muchos sentimientos, sólo hay que buscar entre la podredumbre, pues como dijimos, mezcla el cariño y el erotismo así como los vómitos y todo tipo de fluidos. Se llama un capítulo: “Estregarse sola”, porque la protagonista se frota con las palabras que le evocan el cuerpo de Isola para causarse placer, y la propia Isola se estrega en los objetos, apareciendo a veces como una Virgen tallada en cera o excitándose con los actores de las telenovelas. En la pesadilla de la narradora, el volcán de Tenerife, el Teide, se despierta. Ante la imagen del alcalde, en la televisión, desfilan unas letras: AGARREN SUS PERTENENCIAS Y BOTENSEN PA LA MAR, SALVENSEN QUIEN PUEDA,

MIS NIÑOS. Toda la familia toma sus pertenencias, entre las que se encuentran bolsas de papas con tazos y güevos de camello. ¡No conocía esos chicles cafés con relleno de fresa! Ni conocía las telenovelas que las dos amigas ven por las tardes, ni las canciones de bachata que se aprenden (nota mental: escuchar las canciones del grupo Aventura). Por esa razón, no podría entablar un diálogo con ellas de ninguna manera. Pero puedo intentarlo a partir de sus palabras. Porque las palabras están a punto de desbordarlas. Es como si tuviera el lenguaje una vida propia, y la narradora tuviera más trabajo conteniéndolo que expresándolo. Entonces, uno puede preguntarles a sus palabras en lugar de cuestionarla a ella. Puedo pepenar en el basurero de su discurso algunas ideas bellas. Algunas logradas construcciones hechas con el material de la masturbación, pues mientras sube la marea de la lava que inunda todo, la narradora hace erupción, ayudada por unos clavos ferrusquentos. Es la construcción poética lograda con ayuda de todo lo que está a la mano, la que logra el trascurrir de los pasajes hechos de oralidad. Se acepta sin discriminar todo el flujo del pensamiento, dejando pasar la belleza en potencia, los pensamientos sin censura. Todo lo que el personaje quiera entregar. Veo que esta novela es una muestra asimismo de otro fluir narrativo que la autora reconoce como influencias: Ariana Harwicz, Rita Indiana, Pilar Quintana, Víctor Ramírez, Nivaria Tejera, Elisa Victoria y Aurora Venturini, que son para mí nombres tan ajenos como las referencias de la narradora (confieso con pena). Íntimamente comparto el goce de querer transcribir la manera de hablar de la gente, poner sus modos sin comillas y sin cursivas. Es una ironía cómplice porque es como pescar en el discurrir ajeno todo aquello que censuro, que admiro, que paladeo o que disfruto, porque el torrente inconsciente del idioma es siempre sorpresivo. Pero hay algo más: en general, la novela ha recibido críticas favorables, pues la construcción literaria lo merece. Se necesita suspender la crítica ideológica, pues la novela parece identificar la pobreza con la miseria moral, como en algunas de las viejas novelas naturalistas. Isora y shit juegan por horas con las barbis y los ken, pero shit siente placer en aguantarse hasta el final las ganas de hacer del baño. Como la abuela no deja que Isora lleve a nadie a cagar al cuarto de baño, shit se hace en una caja de cartón que Isora esconde en un cuarto de la casa. No lo sé… Pienso que todo mi merodear por la novela se concentra en los aspectos de la construcción lingüística de los personajes. No me permitiría comentarla más allá. Me sentiría como las veces en que los autores modernistas veían una relación consustancial de la pobreza con la criminalidad. Aquí aparece la ensoñación de una parte de Europa que desconozco, una zona lateral de las Canarias que muestra pobreza económica y podredumbre moral. La autora, canaria ella misma, pinta su mundo. Y se considera también parte negada de Europa, que tiende a no conocerse a sí misma en su totalidad. Desde su condena –el determinismo social– la narradora ve el mundo lejano de los turistas, pues a veces acompaña a su madre a su trabajo, limpiando cuartos de hotel. Leo que el dialecto de las Canarias tiene similitud con el habla antillana de Cuba y Puerto Rico. Mira desde una ventana divisoria el mundo de la Europa continental. Me parece extraordinario el hecho de que el habla de Canarias y su atmósfera agobien mi lectura. Es una placentera tarea leer en el entramado léxico de la novela. Entiendo que se iba a traducir, o se tradujo, al inglés. Ni siquiera alcanzo a imaginar qué tipo de diálogo entre lenguas puede darse a partir de un diálogo semejante. Pero le deseo suerte a los lectores anglparlantes en su deambular por el mundo de las dos adolescentes de Panza de burro.

 

Andrea Abreu. Panza de burro (2020), 1ª reimp. México, Elefanta, 2021.