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lunes, 3 de septiembre de 2007

¿Quién es el que anda allí? (Los cien años de Francisco Gabilondo Soler)



El lunes 15 de octubre de 1984, la XEW interrumpió su programación normal. Seguramente, el auditorio de la estación se extrañó al reconocer la melodía de la rúbrica de Cri-Cri, el Grillito cantor. Exactamente cincuenta años antes, otro lunes, el auditorio recibió con bastante indiferencia el mismo programa: un pianista que interpretaba canciones infantiles. Para los cincuenta años de Cri-Cri, los directivos de la W le ofrecieron al compositor un enorme homenaje: un desfile de los más intérpretes del país acompañados de orquestas sinfónicas de toda la República; entrega de trofeos por parte de compañías radiodifusoras, disqueras y la SACM. Se pensó en transmitir por televisión la vida de Cri-Cri.

Sin embargo, su creador, Francisco Gabilondo Soler, rehusó todos estos festejos y pidió que el día exacto de su cincuentenario, a la hora en que sus canciones infantiles se habían escuchado por primera vez en la W, se interrumpiera la programación, como había sucedido medio siglo antes, para tocar solo frente al piano.

El 15 de octubre de 1984, a la una de la tarde, llegó a la XEW; ahí lo esperaban Amalita Gómez Zepeda, Miguel Alemán Velasco y Jaime Almeida. Cri-Cri sólo había pedido la ayuda de Héctor Madera Ferrón para que lo auxiliara en la transmisión.

A la una y cuarto, con exactitud, se escucharon las notas del tema de Cri-Cri. Escuchemos la historia de Cri-Cri en palabras del propio Francisco Gabilondo Soler. Únicamente los interrumpiremos para agregar algún dato:

–¿Quién es el que anda aquí¿
–Es Cri-Cri, es Cri-Cri.
–¿Y quién es ese señor?
–El grillo cantor.

Auditorio de la XEW, esto no es un programa. Esta aparición mía, de su servidor, Francisco Gabilondo Soler, se debe a un arranque sentimental, a una idea romántica, porque en este preciso instante se cumplen 50 años del comienzo del programa con mis canciones, con mis fantasías musicales. Era, exactamente, también, lunes, cosa que me agrada mucho porque yo quiero sentir más o menos las mismas sensaciones de aquel entonces: era lunes, una y cuarto del 15 de octubre de 1934, de modo que ya ha sonado la cincuentena. Pero les quiero contar cómo fue aquel primer programa.

No se había anunciado de ninguna forma, se me había dado la autorización de pasar pero sin patrocinador. Así, pues, yo me senté ante el piano, frente a un enorme micrófono, como eran los de entonces. Y al dar la una y cuarto, Leopoldo de Samaniego, que era el locutor en turno, dijo:

–Y ahora, escuchemos al pianista Francisco Gabilondo que va a interpretar algo de su cosecha.

Que me dan el chicharraza, y ahí me tienen solito frente al enorme piano queme parecía que era del alto de la torre de catedral.

Debo advertirles a ustedes que entonces no existía la rúbrica de Cri-Cri, ni existía la palabra Cri-Cri –esta palabra vino a usarse dos semanas después y también la rúbrica, por consiguiente, porque nada más era yo un señor pianista interpretando algunas cosas de mi cosecha. Ahora les quiero citar qué canciones se interpretaron en el programa. La primera, en forma muy sencilla, era:

Estaba de mal humor,
pobre chorrito, tenía calor.

La otra parte conocida que dice: “En el paisaje siempre nevado / acurrucado sobre el volcán…” –bueno, ya la conocen ustedes en demasía–, se le puso después, fue un parche para redondear la canción porque entonces nada más era el estribillo.

Y después, al terminar la canción, yo me dirigí al auditorio diciéndoles: “Bueno, éste es el recuerdo de una fuente que existe en mi pueblo, en la casa de mi abuela.” En el pueblo casi todas las casas –por lo menos en aquel entonces– tenían fuente. Y yo veía el chorrito de la fuente, en el tubo central, por algún defecto de fontanería, se hacía grandote, se hacía chiquito. Ésa es la historia. Y, ¿por qué tenía calor? Porque yo recordaba que de niño, cuando hacía mucho calor –es muy del estado de Veracruz– yo me ponía de malas. Y, entonces, di esa pequeña explicación…

Bueno, un momento, tengo junto a mí a Héctor Madera que me está apoyando moralmente, porque, aunque no lo crean ustedes, estoy sumamente emocionado. Pues sí… pues ya se me hizo cumplir cincuenta años con Cri-Cri.

–Y vea usted que feliz se encuentra el piano este día.

–Una cosa, Héctor, que no dije antes. Les dije que no había Cri-Cri ni había rúbrica. Yo empecé a vistas, no tenía patrocinador. Era una muestra, a ver quién compra esto ¿verdad? Dos semanas estuve a vistas, hasta que me tomó la Lotería Nacional, me patrocinó. Y yo le dije al señor Othón Vélez –que veía que estaba muy bien dispuesto con todo el estilo de cosas que yo traía: “Oiga, usted, pues si la hora bonita de los cuentos es al atardecer. ¿Por qué no me cambian a la una?” Y sí, me pusieron a las seis y media. Para siempre se quedó Cri-Cri a las seis y media.

Y el Güero Vélez –es decir, el señor Othón Vélez, pero aquí le decíamos de cariño el Güero– hizo la siguiente sugerencia: que hiciera aventuras de algún animalito para que no fueran nada más las canciones una tras otra, sin ninguna ligazón.

–Y ¿por qué decidió usted que fuera un grillo?

–Propusieron que un pajarito, que un gato, que un conejo, en fin. Pero luego dijeron que fuera grillo, porque me habían puesto a Núñez de Borbón, que es violinista, para que no sonara tan triste el piano, porque yo en ese tiempo presentaba las canciones muy sencillitas. Y eso junto al pianazo tan elegante de Agustín Lara, imagínense, era una blasfemia. Y entonces me pusieron a Núñez de Borbón para que engalanara un poquito la cosa.

Y yo dije: “Bueno, en los cuentos clásicos –de los que yo he sido aficionado desde niño hasta la fecha– el animalita que toca el violín siempre es un grillo”.

–Así es.

–Pero eso viene desde la Edad Media o puede ser que desde antes. Entonces yo pensé: “Bueno, ¿cómo se podría llamar un grillito?” Y como hace muchos años a los niños nos enseñaban en la escuela francés así como ahora enseñan inglés, yo sabía que para designar grillo en francés había dos palabras. Una es grillon, que es la usual, y la otra es cri-cri. Así de sencillo.

–Resutó muy fácil bautizarlo.

–Pues resultó muy fácil. Y, entonces sí, ya fue la rúbrica y el Cri-Cri. Y yo más confiado, porque el primer día, el primer programa, fue una cosa tremendamente triste.

[El presupuesto que se le asignó a Cri-Cri fue de $1.50 por programa muestra se encontraba a prueba. Cuando fue aceptado de manera definitiva en la W, su salario subió a $5.00. Durante los dos primeros años, sólo Alfredo Núñez de Borbón y su violín compartieron los micrófonos con el Grillito Cantor. A partir de 1936 se incorporaron más músicos: Juan García Esquivel, quien tocaba la marimba y las campanas; Carlos Max García Alpiste hacía los efectos de sonido, y Víctor Pazos tocaba el contrabajo. Cada uno de ellos ganaba $2.50. El lector de los textos era, en los inicios, Luis Cáceres.]

–¿Y los efectos?

–No. Eso fue posterior, porque yo vi la necesidad de agregarlos para enriquecer el programa. Entonces se empezó a pensar en efectos mecánicos o hechos con la boca. Para eso tuve varios ayudantes: tuve a Alpiste, a Peimbert, al Pajarito. Fueron varios los que me ayudaron.

En ese primer programa la primera canción fue El chorrito, la segunda fue…

–El ropero.

–Sí, El ropero. Y un ropero que todavía existe, y existe la muñeca que estaba en el ropero, y existe el libro de cuentos. Los que se perdieron fueron los trajes aquellos de fru-fru que hacían ruidito al caminar. Era una tela de seda muy gruesa, se llamaba fru-fru: hacía fru-fru-fru-fru.

–Hacía ruidito al caminar.

–Y la espada de mi abuelito el coronel, esa sí se perdió. Quién sabe a dónde fue a parar la dichosa espada. Una hija mía detectiveó mucho la famosa espada, que la tuvo un tío mío –mi tío Ricardo–; pero total que nunca dio… se perdió la espada.

–Pero existe una medalla.

–Sí, tengo la de mi abuelo el coronel que le entregó don Benito Juárez: personalmente se la puso. En aquella época mi abuela tenía repleto el ropero. Era de aquellas abuelitas que guardaban todo y en cajitas, era un tesoro para mí curiosear en eso. Luego vino la tercera canción de aquel programa:

Hubo un rey en un castillo
de murallas de membrillo,
con sus patios de almedritas
y sus torres de turrón.

Eso tal vez vino por sugerencia del cuento de Hänsel y Gretel, de los niños que se pierden en el bosque y encuentran una casita de dulce… Alguna cosa de esas influyó en mí para que imaginara la historia del rey Bombón. Y la cuarta canción… Ah, todas iban seguidas de alguna explicación para que estirara yo un poquito el tiempo… que, por cierto, ya se acabó…

–No, todavía no.

–Ya son trece minutos. Es que eran de trece minutos los cuartos de hora. Así como en las tiendas de los españoles –que entonces había– los kilos eran de ochocientos gramos. Pero, sí es cierto, eran de trece porque luego venían los anuncios, que se llamaban spots.

De modo que a esta hora ya era el: “Ya vete pa tu casa.” Y así, recogí mis papelitos, salí por ese enorme pasillo del número 54. Ni quién me dijera nada, ni “Adiós”, ni “Ahi te pudras”. Me fui caminando por Ayuntamiento, tomé Dolores, en la esquina de Independencia pasaba el tranvía de la Rosa. Yo vivía en Santa María, entonces. Y que tomo mi tranvía y me voy muy calladito hasta Díaz Mirón, ahí me bajaba yo, pues vivía en Sabino 105: ahí fue donde se hicieron estas primeras canciones de Cri-Cri.

–Y a seguir soñando.

–Sí, pues sí. Tenía yo mucho material porque me empecé a acordar de toma mi infancia. Pero hay una cosa muy importante: que por qué vino lo de Cri-Cri, eso se lo debo a Emilio Azcárraga. Antes de hacer canciones de cuentos hacía yo un programa a base de canciones festivas.

[Antes de ser Cri-Cri, Francisco Gabilondo fue El Guasón del Teclado, y componía canciones humorísticas. El Che Bohr lo escuchó cantar y, posiblemente llevado porla envidia, lo llamó “elemento completamente nulo” durante un concurso de talentos, en el que Bohr fungió como juez. Entre las canciones del Guasón encontramos Vengan turistas, Timoleón, Su Majestad el Chisme y Dorotea. Para no quedarnos en ayunas, escuchemos esta última:

Cuando un caballero quiere figurar,
se vuelve un esclavo de la sociedad;
a su puerta legiones vendrán
de acreedores cual calamidad.

Si me buscan, Dorotea,
por favor, di que no estoy;
ten cuidado en negarme
si viniera un cobrador.

Si se presenta algún pariente
contestarás que fui al Oriente.
Si me buscan, Dorotea,
por favor, fíjate bien:
si es morena o si es rubia
la podrás pasar también.
Y si alguien más me busca a mí
di, Dorotea, que fallecí.

Aunque yo presumo de ser gran señor,
no me desayuno, me las doy de olor;
pero en cambio qué lujo, hay que ver,
aunque siempre yo quedo a deber.]

–Y don Emilio una vez me dijo aquí, en la puerta de la W: “Oiga, usted, cuando está cantando esas tonterías los niños se pegan al radio. Usted debe tener algo que los atrae: agarre La marcha de Zacatecas y póngale letra para chamacos.” Le dije: “No, don Emilio, a ver si puedo hacer algo.” Y, fíjense, ése fue el pie, es decir, lo que me hizo pensar. Me empecé a acordar de la casa de mi abuela porque ahí pasaba yo todas las tardes. Y estaba lleno de recuerdos: ahí estaba, en el cuarto de los trebejos, la muñeca fea. Y las palomas de la casa de junto, en la torre de una capillita –era una señora muy católica la que vivía junto. Y el trenecito que se veía –en aquellos tiempos– desde el tejado de la casa de mi abuelita. El tren de Veracruz pasaba por Orizaba y se veía a lo lejos, como de juguete. Y, pues, todas esas cosas vinieron a dar a las canciones. Claro, se estilizaron.

–Y una vecina suya era a la que veía en el mercado…

–No, eso no es un recuerdo infantil. Fue una señora, cuando yo vivía, precisamente, en Sabino. Iba yo para San Cosme. Ahí había junto a Mascarones un mercado que después desapareció. Adelante de mí iba una señora con su rebozo –era frecuente todavía ver rebozos– y con su canasta, caminando muy chistoso: se hacía de un lado a otro. Al llegar a los primeros puestos la oí regatear. Nada más fue esa impresión: como a los quince días se me ocurrió la canción de La patita. Y precisamente ya estaba yo en el aire. Luis Cáceres, que fue el primer locutor que trabajó como diez años con Cri-Cri. él sí va a saber qué día fue si le recuerdo que el día que estrenamos La patita nació su hijo.

[De pronto, como en cascada, Cri-Cri comenzó a componer canciones. Y todos los niños en sus casas se imaginaban al Grillito cantor y corrían a comprar sus cancionero, que editaba la Larín en 1936. Éste álbum tenía dibujos como los siguientes: un enano suspirando de amor por una tortuga, un gato tocando el saxofón en una alberca y, ¡no lo van a creer!, una cochinita haciendo table dance a un ratoncito y a un perrito. En él venían todas las letras del Grillito Cantor: El chorrito, El gato carpintero, Los pollitos jardineros, Los ratones bomberos, La marcha de las letras, Caminito de la escuela. Estas fueron las primeras canciones que escucharon los niños. Y todo mundo las cantaba y las memorizaba, feliz de la vida. Menos una señora de la Secretaría de Educación que mandó prohibir esas canciones en las escuelas con pretextos que desafortunadamente no han llegado a nosotros. Casualmente, la mujer –hay quien dice que era esposa de un funcionario importante– también componía canciones infantiles, con las cuales intentó suplir a Cri-Cri en las escuelas públicas. Por suerte, Cri-Cri sobrevivió a esa señora, como ha sobrevivido al Nintendo y a los cómics. Todavía lo cantamos y, si no nos ponemos un límite, aquí verteríamos todas las letras de sus canciones. Pero sólo cantemos completa la canción que Cri-Cri interpretó por primera vez en la XEW:

Allá en la fuente había un chorrito,
se hacía grandote, se hacía chiquito,
estaba de mal humor,
pobre chorrito, tenía calor.

Ahí va la hormiga con su paraguas
y recogiéndose las enaguas,
porque el chorrito la salpicó
y sus chapitas le despintó.

Allá en la fuente, las hormiguitas
están lavando sus enagüitas
porque el domingo se irán campo
todas vestidas de rosa y blanco.

Pero al chorrito no le gustó
que lo vinieran a molestar,
le dio vergüenza y se escondió
entre las piedras de aquel lugar.]

–Después me fui a Sudamérica. Cuando volví, y después de una temporada de no trabajar, se reanudó lo de Cri-Cri. Entonces entró conmigo Manuelito Bernal para leer los cuentos. Entonces se tenía al locutor comercial y a Manuelito Bernal.

–Era el narrador.

–Y además lo hacía muy bonito. Y como anillo al dedo: él ya había hecho el famoso Tío Polito. Pero él tenía que hacer el anuncio y leer lo que yo le escribía. Le llamábamos textos a los cuentecillos que ligaban las canciones.

[¿Cómo era la estructura del programa de Cri-Cri? Después de la rúbrica del programa, se escuchaba la voz de Manuel Bernal anunciar a los patrocinadores. El operador ponía el spot de Milo:

–Tengo ganas de bailar, de reír, de jugar;
tengo ganas de estudiar y también de travesear.
–Mi muchacho es vivaracho porque siempre toma Milo,
pues con Milo vitamina y fortifico a mi muchacho.
–Eme-i-ele-o, Milo siempre tomo yo.
–Eme-i-ele-o, Milo siempre yo le doy.

Después el propio locutor narraba las aventuras de Cri-Cri. En comparación con el Tío Polito, la calidad de estas historias era muy superior. Por ejemplo, el cuento que Manuel Bernal leyó antes de la canción Lago de cristal dice:

Tres reyes, Melchor, Gaspar y Baltazar, son realmente unos grandes magos. Así, con la mayor facilidad del mundo, en miles de casas, anteayer hicieron aparecer otras tantas bicicletas. Y, claro, ahora en las calles de todas las colonias es una bicicletería que da gusto. Los que más gusto se dan son los camiones. En dos días ya van como doscientos niños apachurrados. Pero basta telefonear a la Oficina de Reserva Infantil y enseguida le reponen a uno cualquier chamaco que se haya vuelto calcomanía. Y es que este año todos pidieron bicicletas. En otras ocasiones se han cargado los pedidos hacia los patines. Patines de ruedas, desde luego; porque con patines de hielo, a menos de patinar en el refrigerador… pues habría que irse al Polo Norte o a alguno de sus fraccionamientos.

Y, de la canción Lago de cristal, ¿alguien se acuerda? Escuchémosla:

El invierno es un mago
y se puso a transformar
toda el agua del lago
en blanco cristal.

Mira la nieve, que dura está,
cómo quisiera poder patinar.
A ver si te animas Cri-Cri,
a ver si patinas así.

Mira qué bonito,
patinar por el laguito
dando vueltas sobre sí.

Al cumplir 50 años, Gabilondo Soler ya no pudo hacer lo mismo que había hecho en el aniversario número 25 de Cri-Cri: juntar al equipo original de su primer programa. Para el cuarto de siglo reunió a Luis Cáceres, Manuel Bernal, Alpiste y Leopoldo de Samaniego. Sólo estuvo ausente Alfredo Núñez de Borbón. Entre Leopoldo de Samaniego y Francisco Gabilondo escribieron los textos de ese día, que son muy interesantes pues nos hablan de la experiencia de realizar el programa del Grillo Cantor:

Posiblemente ya lo ha escuchado usted, ¡tanto han dicho por ahí que este programa cumple 25 años que quizá nadie lo ignore! Pues sí, de veritas, el jueves pasado a la una y cuarto (si es que el reloj andaba bien) Cri-Cri ajustó artísticamente un cuarto de siglo, ¡gracias a Dios y al auditorio! Lo curioso es que a pesar del tiempo, Cri-Cri no crece y le siguen gustando las mismas cosas. Ya se sabe que la moda exige cambiar a menudo, lo mismo de ropajes que de costumbres; Cri-Cri se confiesa culpable: admite ser un anticuado a quien todavía le encantan los dulces, los cuentos, las travesuras y las orejas de los conejos. Claro está que tuvo la suerte fantástica de poder vivir la vida que más le gusta: la de la imaginación.

O quizá porque, así como “al que nace barrigón, aunque lo fajen”, podríamos decir también: “al que nace soñador, aunque lo despierten”. No siempre hay buenas ideas porque el arte de imaginar es como un chorrito, se hace grandote y se hace chiquito. Pero como dijo el amigo Neri, por fortuna aún no se seca.

Cuando estas cosas comenzaron hace 25 años, Cri-Cri ansiaba cantar aunque tocaba mal y escribía peor. Un caballeroso compañero nuestro, don Leopoldo de Samaniego, aunque inteligentísimo, era, y puede que siga siendo, un verdadero artífice de la informalidad más exquisita. Llegaba la hora del programa y no había que leer. Luis Cáceres, el cocuyo, famoso locutor, también popular como gran amigo, fue quien animó toda nuestra primera serie. Y a falta de material nos poníamos a improvisar pláticas: “Qué dices del Negrito Sandía.” “Pues que es un tonto. ¡Sí, tantísimo y trompudo! Dice cosas muy feas. Sí, horrorosas.” Pero en aquellos tiempos la radio era cosa nueva y las exigencias pocas… Un buen día, Cri-Cri decidió aprender a escribir, aunque al principio le resultó dificilísimo, aun al tratar cosas tan dulces como las de Bombón I.

Desamos hacer mención especial de la primera persona que reportó este programa hace 25 años, el mismo día del estreno y cuya felicitación fue la primera en llegarnos esta vez: es una gentil dama que firma con el seudónimo de Abuelita Rosa y que cuando cumplimos un año de vida artística nos obsequió un álbum pintado por ella, con maravillosas miniaturas que comprendían todas las canciones de Cri-Cri estrenadas hasta el primer aniversario.

En raras ocasiones, Cri-Cri menciona nombres propios, pero si no lo hacemos hoy, pues cuándo podríamos aprovecharnos?

Las personas a quienes Cri-Cri agradeció ese día fueron: Othón M. Vélez, Víctor Pazos, Manuel Núñez, Lorenzo Bravo, Julio Martínez, los ruidoso ruideros Peimbert y Alpiste, Pepe Agüeros el profesor Tripitas, “que siempre vienen y nunca cobran”. y a Emilio Azcárraga. Aunque en aquella ocasión, Cri-Cri, bastante optimista, ofrecía quince años más al aire, en realidad al programa le quedaban sólo dos años.]

–Más de 25 años estuvo este programa al aire.

–Bueno, Cri-Cri estuvo 27 años al aire, hasta que me corrieron. Pero fue el último programa en vivo que se hacía en la W, porque todos fueron desapareciendo por fuerza de la televisión. No es que haya declinado el radio, porque entiendo que ahora ganan más que antes.

A mediados de 1961, yo estaba patrocinado por Nestlé. Me dijeron: “Le vamos a hacer su fiestecita y vámonos.” Y me hicieron aquí una fiesta muy bonita. Llegó mucha gente, fue con orquesta, vinieron artistas, en fin… Y después: “Bueno, señor Gabilondo, adiós.”

[Gracias a la edición privada que editó la Compañía Nacional de Aceptaciones podemos escuchar completo el homenaje a Cri-Cri en la W, transmitido el 23 de septiembre de 1961. En este programa que produjo Jesús Elizarrarás, según dicen, ninguno de los artistas necesitó ensayar las canciones del compositor, todos se las sabían de memoria. Los locutores fueron Luis Ignacio Santibáñez y Manuel Bernal. La orquesta fue dirigida por Carlos Tirado. Amparo Montes cantó La muñeca fea y, a ritmo de mambo, Cucurumbé; las hermanas Águila, Caminito de la escuela; Tilín, una canción en la que imitaba a Agustín Lara, El puerto; uno de los mejores cómicos de la W, el Panzón Panseco, cantó Negrito bailarín; Pedro Vargas interpretó La sirenita, una de las canciones menos conocidas de Cri-Cri y una de las más bellas. También participaron las Tres Conchitas, Olga Puig, Julio Julián, Raulito, el cartero del aire, y el tenor Gabriel Gutiérrez, que cantó El ropavejero:

Ahí viene el tlacuache,
cargando un tambache
por todas la calles
de la gran ciudad.

El señor tlacuache
compra cachivaches
y, para comprarlos,
suele pregonar:

Botellas que vendan,
zapatos usados, sombreros estropeados
pantalones remendados,
cambio, vendo y compro por igual.

Comadres chismosas,
cotorras latosas y viejas regañonas
pa’ meter en mi costal,
cambio vendo y compro,
compro, vendo y cambio,
cambio, vendo y compro por igual.]

–Pero pasados los años pudimos verlo en televisión.

–Pues sí, poco. Porque es bonito el radio para mí. Además Cri-Cri fue hecho para la radio, que es donde encaja muy bien. Además, mire, aquí está uno aislado de todo mundo, detrás del piano que es una especie de escritorio. Y aquí se puede uno sabrosear, saborear los cuentos, es una cosa muy especial. Y en la televisión lo cortan a uno, que repita otra vez; ya se parece a esa cosa tan chocante del cine. Ya ves que para una sola escena están todo el día. No sé cómo aguantan los pobres artistas y con esos focotes que les ponen. También en televisión hay luces muy fuertes.

–Pero aquí se sentía usted feliz.

–No… pues aquí es mi casa. ¿Sabes?, Agustín Lara me dijo una vez: “No, si no hay como el radio; es donde trabaja uno a gusto.” Ya la televisión lo obligaba a ser actor, no había la espontaneidad de la radio. Bueno, pues para finalizar, les diré a ustedes que el lunes 15 de octubre de 1934, mi sensación fue –me imagino– como la de un náufrago que está sentado en un peñasco en medio del océano inmenso. Fue una soledad tremenda: no sabía yo ni a dónde iba ni qué iba a ser del futuro de estas canciones. A Enrique Escalante, que era un director de orquesta de Jerez, Zacatecas, le dije: “Oye, pues fíjate que se me ocurrió este numerito, a ver si me aguanta unos tres meses.” Pues los tres meses se estiraron mucho.

–Cincuenta años después lo seguimos escuchando.

–Pues sí… Les agradezco a ustedes que hayan aguantado este casi monólogo y… pues se me hizo llegar a los cincuenta.

–En aquel entonces, don Francisco, le sudaron las manos…

–Y me siguen sudando. Sí, señor. Es emotivo, afortunadamente. Y, afortunadamente, no es arte fingido, no es arte fabricado. Esto es la verdad. Bueno, pues no me queda más que decirles:

–¿Quién es el que anduvo aquí?
–Fue Cri-Cri, fue Cri-Cri.
–¿Y quién es ese señor?
–El grillo cantor.

[Después de terminado el programa, Cri-Cri sale de la W a pasitos. Ese mismo día, en la tarde, Elena Poniatowska y María Victoria Llamas lo van a visitar a su casa. Ahí, Francisco Gabilondo Soler les dice: “Hoy es lunes. El quince de octubre, hace cincuenta años, también era lunes, con una diferencia: que la luna estaba en cuarto creciente y ahora está en cuarto menguante. Es una ilustración de mi propia historia: aquel fue el comienzo y esta es la despedida.”
Elena lo describe en su libro Todo México cuando, ya cansado, se retira:

Habremos de hablar del cometa Halley, de los hoyos negros, de la astrofísica moderna, de los descubrimientos científicos, pero Cri-Cri ha perdido el impulso inicial. Sus patillas ya no se levantan como antenas, como los cuernitos en la cabeza de los caracoles. Lo hemos cansado. Quisiera yo que tirara dos balazos, se chupara las balas y cruzara los brazos –ratón vaquero, al fin–, más bien mueve las orejas implorando compasión.

Francisco Gabilondo Soler murió a fines de 1990, su vida había sido de lo más divertida: fue marino, astrónomo (aunque nunca le hizo una canción a los ovnis y a los marcianos pues no creía en ellos), boxeador… A sus amigos que tenían todos sus discos bien cuidados, les decía: “escúchalos, ráyalos, rómpelos para que los vuelvas a comprar y me den algo de regalías, que de eso vivo.” No sólo entre lo humorístico y lo paródico (compuso una canción imitando las de Lara) estaba la inspiración de Cri-Cri, son muchas las canciones nostálgicas y melancólicas que tanto tienen que ver con ese señor que al final de su vida ya no brincaba sobre las camas, que tenía el pelo blanco y lentes gruesos, gruesos. Cri-Cri narró la tragedia de una muñeca fea, expuso las ideas antiaristocráticas de un jicote aguamielero, retrató niños malcriado que no querían comerse su merienda… Pero, por sobre todas las cosas, fue, como dicen ahora, un icono, aunque a ese grillito cantor de la W, viviendo entre bulbos, lo más probable es que no le gustara este término.

(Los niños apagan sus radios con la promesa de que Cri-Cri regresará la próxima semana: a las seis y media de la tarde.)]

(Tomado de "XEW: 70 años en el aire", México, Clío, 2000. pp. 107-119)